sábado, 25 de octubre de 2014

La Mujer Etrusca

Es sabido, que en Grecia, Roma y Cartago la mujer desempeñaba un papel secundario, sin embargo esto no parece haber sido la situación general, tenemos pruebas de que entre los Etruscos, las mujer tenía un papel social más destacado y de ordinario no estaba tan apantallada por su marido. Naturalmente esto no fue muy bien entendido por observadores externos.
Por ejemplo, Teopompo de Quíos s. IV a. C. (citado por Ateneo en el libro 43 de sus “Historiae”) refiero lo siguiente: “Entre los tirrenos es costumbre arraigada que las mujeres sean propiedad común. Estas prestan mucha atención al cuidado de su cuerpo y hacen ejercicio desnudas. No comen con sus maridos, sino con quien se encuentren por azar en ese momento y beben a la salud de quien quieren. Pues son grandes bebedoras y muy bellas. Los tirrenos crían todos los niños que vienen al mundo sin saber de qué padre procede cada uno. También estos [niños] viven igual que quienes los crían... Cuando están en una reunión de amigos o en familia y han dejado de beber y quieren acostarse, los criados, con las luces todavía encendidas, les llevan unas veces hetairas, otras muchachos muy bellos, otras incluso mujeres...”

La Mujer Etrusca
Sarcófago etrusco. Museo del Louvre - Paris

Otros autores como Posidonio, también dan una imagen sesgada, criticando el sibaritismo y el desenfrenado estilo de vida de los etruscos, así como la costumbre de estar echado con las mujeres bajo una misma “manta” durante las comidas. También parece que las criadas andaban desnudas, al menos hasta que llegaban a la madurez. Relatos como estos nada halagüeños, crearon el prejuicio que griegos y romanos tenían sobre los etruscos.
Sin embargo, parece que estas opiniones de los griegos son sin duda exageradas, para empezar si miramos las pinturas sepulcrales de las tumbas etruscas en efecto vemos mujeres comiendo junto a los hombres, la verdad es que podría tratarse perfectamente de un matrimonio (cosa algo incompresible para un griego ya que ellos comían a parte de sus mujeres). En cuanto al reproche de un amor excesivamente libre (eso de elegir pareja al azar...) no parece muy sostenible, ya que las innumerables inscripciones sepulcrales, muchas de ellas verdaderos árboles genealógicos, parecen obsesionadas con el linaje y la procedencia familiar. La estructura interna de las tumbas etruscas también incide en la obsesión por la organización familiar, con una diferencia importante con respecto a Roma y Grecia: la mujer yace junto a su marido en pie de igualdad, y tiene un asiento propio en el vestíbulo de la tumba, que venía a ser una reproducción de la casa. Tal vez podríamos concluir que la mujer etrusca -a diferencia de la romana- participaba en las recepciones y en las conversaciones oficiales del señor de la casa. Por lo menos en su propia casa parece que las mujeres etruscas mandaban tanto como su marido. Más pruebas el respeto etrusco por la mujer: Al igual que todo varón etrusco la mujer poseía un praenomen propio (Clelia, Ati, Larthia,...) y no era simplemente como entre los romanos una “claudia”, una “fabia” o una “sabina”. Además como escribe el gran novelista de ficción Tito Livio: a la mujer etrusca le gustaba salir de casa y no la sonrojaban las miradas de los hombres a diferencia de la mojigatería que exhiben los romanos republicanos. Incluso según Livio participaba activamente en política, aunque quizá fuera más respecto a lo dicho antes sobre la participación en charlas sobre política con sus maridos.

BIBLIOGRAFÍA
- M. Guttentag / P. Secord (1983): Too many women? The sex ratio question, Sage: Beverly Hills, CA.

viernes, 3 de octubre de 2014

Senderos de Gran Recorrido en España

El senderismo es una manera diferente de hacer turismo, puesto que se disfruta de la naturaleza a la vez que se descubre cultura. En España hay gran cantidad de senderos, locales (PL), que en menos de un día se recorren; de pequeño recorrido (PR), que un día o dos se pueden hacer, y están los de gran recorrido (GR), que algunos en un par de días se recorren y para hacer otros necesitamos hasta un mes.
 
Aquí pongo un listado de los senderos de Gran Recorrido que recorren España. Es posible que falte alguno, pero constantemente se están añadiendo nuevos, y eso es bueno, como ya he dicho, otra manera de conocer los distintos territorios.
 
GR-1. Sendero histórico. Empúries (Girona) a Finisterre (A Coruña).
GR-2. La Jonquera (Girona) a Aiguafreda (Barcelona).
GR-3. Sendero central de Catalunya. Es un circuito que sale de Lleida y regresa de nuevo después de recorrer más de 1000 Km.
GR-4. Puigcerdá (Girona) pasando por Montserrat (Barcelona) a Mequinenza (Zaragoza).
GR-5. Sendero de los Parques Naturales. Sale de Canet de Mar (Barcelona) y llega a Sitges (Barcelona) dando toda la vuelta a la conurbación de Barcelona.
GR-6. Barcelona a Monserrat (Barcelona). Excursión de peregrinaje.
GR-7. De  Andorra al estrecho de Gibraltar.
GR-8. Ulldecona (Tarragona) a Villel (Teruel).
GR-9. Cañada real de las Provincias. Sale de Noain (Navarra) y llega a Larraun (Guipúzcoa).
GR-10. Puçol (Valencia) a Aldea del Obispo (Salamanca).
GR-11. Senda Pirenaica. Sale del Cap de Creus (Girona) a Vera del Bidasoa (Guipúzcoa).
GR-12. Va de Zuriza (Huesca) al Puerto de Kruzeta (Álava).
GR-13. Cañada Real de los Roncaleses. Va del puerto de Lazar hasta las Bárdenas Reales en Navarra.
GR-14. Senda del Duero. Va de San Martín de Rubiales hasta Villafranca de Duero en Valladolid.
GR-15. Senda prepirenaica. Va del Pont de Suert (Lleida) a Acumuer (Huesca).
GR-16. Senderos del Serrablo. Va de Biescas a Nocito en Huesca.
GR-17. Sendero Mariano. Va de Barbastro a Torreciudad en Huesca.
GR-18. Senderos de La Ribagorza. Va de Fonz (Huesca) a Aneto (Lleida).
GR-19. Senderos del Sobrarbe. Va del refugio de Biadós a Muro de Roda en Huesca.
GR-20. Vuelta a Aralar (Navarra - Euskadi).
GR-21. Camino Ignaciano. Va de Javier (Navarra) a Loiola (Guipúzcoa).
GR-24. Senderos de Calatayud, Daroca y Gallocanta. Va de Aldehuela de Liestos a Peracence (Teruel).
GR-25. Vuelta a la Llanada Alavesa a pie de Monte. Es un circuito que sale de Nanclares de la Oca (Álava).
GR-26. Senda de Tierra de Campos. Va de Valladolid a Mayorga (León).
GR-27. Senda del valle Esgueva. Va de Valladolid a Encinas de Esgueva.
GR-30. Montes Torozos. Es un circuito que sale de Valladolid.
GR-33. Sender de la Lluna plena. Va de Castelló de la Plana a Sant Joan de Penyagolosa (Castelló).
GR-34. Donostia a Arantzazu en Guipúzcoa.
GR-35. Camino de la Transhumancia. Va Va del Puerto de Lizarrusti a Aizarna (Guipúzcoa).
GR-36. Sierra de Espadán. De Vilavella a Montanejos entre Castellón de la Plana y Valencia.
GR-37. Vías Pecuarias. En los límites de la provincia de Valencia con Teruel y Cuenca.
GR-38. Ruta del vino y del pescado. De Oyón (La Rioja) a Otxandio (Álava).
GR-39. Cañada de la Mesta. Va de la ermita de la Virgen de Veredas a Fuenteovejuna (Córdoba).
GR-40. Cañada Real Soriana. Va de Córdoba a la ermita de la Virgen de Veredas (Córdoba).
GR-41. Cordel de las Buervas. Va de Barrancos (Portugal) a Sevilla.
GR-42. Cañada Real Leonesa Occidental. Va de Aroche (Huelva) a Segura de León (Badajoz).
GR-43. Cordel de la Campiña. Va de Córdoba a Santiago de Calatrava (Jaén).
GR-45. Senderos del Somontano. Va de Bierge a Colungo en Huesca.
GR-47. Camino de las Minas. Va de la ermita de Santa Eulalia a Cañaveral de León en Huelva.
GR-48. Sierra Morena. Va de Barrancos (Portugal) a Santa Olalla de Cala (Jaén).
GR-53. Sendero panorámico de Vigo (Pontevedra).
GR-56. Sendero transourensano. Provincia de Ourense.
GR-58. Sendero das Greas. Provincia de Pontevedra.
GR-63. Senda Viriato. Recorre la Sierra de San Vicente (Toledo).
GR-65. Camino de Santiago. Tiene tres ramales. uno que parte de Roncesvalles (Navarra), otro del puerto de Somport (Huesca) y otro de Tarragona que convergen hacia Santiago.
GR-66. Sendero Castellano Manchego. Va del Puente de Martinete (Cuenca) a Cuenca.
GR-67. Alcaraz - Hellín (Albacete)
GR-68. Sierra de Segura (Albacete)
GR-71. Sendero de la reserva de Saja. Va del balneario de Corconte (Cantabria) a Sotres (Asturias).
GR-72. Ruta de los Campurrianos. Va de Santillana del Mar a Reinosa (Cantabria).
GR-73. Calzada de los Blendios. Va de Herrera de Pisuerga (Palencia) a Suances (Cantabria).
GR-74. Corredor oriental de Cantabria. Va de Ramales de la Victoria a Reinosa en Cantabria.
GR-75. Senda de los Valles de Cantabria. Va de Castro Urdiales a Potes (Cantabria).
GR-82. Ruta de la Sierra de la Demanda. Recorrido por la Sierra de la Demanda (Burgos).

GR-7 cerca de Requena.
GR-84. Montaña de Sanabria. Recorre el Parque Natural del Lago de Sanabria (Zamora).
GR-85. Ruta de los Sentidos. Recorre Las Merindades, en la provincia de Burgos.
GR-86. Sendero Ibérico Soriano. Va entre Ágreda y Almazán (Soria).
GR-88. Sendero Segoviano. Va de Pontón de la Oliva (Guadalajar) a San Lorenzo de El Escorial en Madrid, pasando por la provincia de Segovia.
GR-89. Canales de Castilla. Va de Valladolid y Medina de Rioseco en dos ramales que se encuentran en Palencia a Alar del Rey.
GR-90. Tierras del Moncayo y Sistema Ibérico. Va de Tarazona a Badules en Zaragoza.
GR-92. Sendero Mediterráneo. Va de Portbou (Girona) a Ulldecona (Tarragona).
GR-93. Sierras de La Rioja. De Cornago a Ezcaray en La Rioja.
GR-94. Sendero rural de Galicia. Va de Vigo (Pontevedra) a Santiago (A Coruña).
GR-96. Camí romeu a Montserrat. Va de Vallvidrera a Montserrat (Barcelona).
GR-98. Vuelta a la reserva de la biosfera de Urdabai. Se trata de un circuito que sale de Gernika (Vizcaya).
GR-97. Camí Romeu a Montserrat. De Sant Celoni a La Beguda Alta (Barcelona).
GR-98. Vuelta a Urdabai. Recorre la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, sendero circular que sale y vuelve a Gernika (Vizcaya).
GR-99. Sendero del Ebro. Se inicia en Fontibre (Cantabria), el nacimiento del Ebro y siguiendo su ribera llega hasta Riumar (Delta de l‘Ebre).
GR-100. Ruta de la Plata. Va de Mérida (Badajoz) a Astorga (León).
GR-101. Camino Real de la Mesa. Va desde Astorga hasta el interior de Asturias.
GR-105. Ruta de las Peregrinaciones. Va de Oviedo a Covadonga (Oviedo).
GR-106. Ruta de San Melchor. Va de Oviedo a Cortes (Asturias)
GR-107. Camí dels Bons Homes. Va de Queralt (Barcelona) a Montsegur (Francia).
GR-109. Asturias interior. Va de Panes a Santa Eulalia de Oscos (Asturias)
GR-111. Ruta de la Comarca de la Vera. Va desde Madrigal de la Vera a Gargüera de la Vera (Cáceres).
GR-120. Ruta de los Tres Templos. De Azpeitia y el Santuario de Loyola a Aránzazu (Guipúzcoa).
GR-121. Vuelta a Guipúzcoa.
GR-123. Vuelta a Vizcaya.
GR-124. Senda Real. Va de Madrid a Manzanares el Real (Madrid)
GR-125. Ruta Hernandiana. Recorre el sur de la provincia de Alicante por los lugares en los que vivió Miguel Hernández.
GR-130. Camino Real de la Costa. Isla de La Palma (Canarias).
GR-131. El Bastón. Del Puerto de Tazacorte a Punta de Fuencaliente (Isla de La Palma).
GR-140. De la Nieve a la Arena. Desde el Puerto de La Ragua (Sierra Nevada) al Cabo de Gata (Almería).
GR-141. Gran Senda de la Serranía de Ronda. Ruta circular por la Sierra de Ronda (Málaga).
GR-142. Sendero de la Alpujarra. Va entre Lanjarón (Granada) y Fiñana (Almería).
GR-160. Camino del Cid. Recorre la ruta que siguió El Cid desde su destierro hasta Valencia y alrededores. Va de Vivar del Cid (Burgos) a Orihuela (Alicante).
GR-170. Va desde L’Estany (Barcelona) a Vidrà (Girona).
GR-171. Pinós (Lleida) a Paüls (Tarragona).
GR-172. Bellprat a La Mussara en Tarragona.
GR-173. Circuito circular por la comarca del Vallès Occidental.
GR-174. Sender del Priorat. Va del coll de la Teixeta a Albarca en Tarragona.
GR-175. Ruta del Cister. Santes Creus - Pla de Santa María - Montblanc - Poblet - Espluga de Francolí - Montblanquet - Vallbona de las Monges - Forès - Puente de Armentera - Santes Creus.
GR-176. Ruta de las Ermitas Románicas. Va de Navàs a Puig-reig (Barcelona).
GR-177. Ronda del Moianés. Por las comarcas catalanas de Bages, Osona y Vallès Oriental.
GR-181. Ruta de los Caminos Históricos de Entresierras. Va entre Los Santos y El Tornadizo (Salamanca).
GR-186. Caminos de Medina. Entorno a la población de Medina de Pomar (Burgos)
GR-190. Altos Valles Ibéricos. De Ezcaray a Ortigosa de Cameros (La Rioja)
GR-192. Camí del Vent. Va de Cambrils a Amposta (Tarragona).
GR-200. Ruta de los Palacios. Va toda por el municipio asturiano de Llanera.
GR-201. Senda del Arcediano. Une el valle de Sajambre (León) con el municipio asturiano de Amieva.
GR-202. Ruta de la Reconquista. Covadonga - Puente Poncebos - Sotres - Cosgaya (Asturias).
GR-203. Por donde anda el Oso. Recorre el municipio asturiano de Cangas del Narcea.
GR-220. Vuelta a la cuenca de Pamplona. Va de Belascoáin a Zabaldica.
GR-221. Ruta de La Pedra en Sec. Recorre la sierra de Tramuntana (Mallorca).
GR-222. Ruta de Artà a Lluc (Mallorca).
GR-223. Camí de Caballs. Ruta que bordea la costa de la isla de Menorca.
GR-229. Sendero Mikeldi. Recorre el Duranguesado (Vizcaya).
GR-236. Ruta de los Monasterios. Va desde Gandía a Alzira (Valencia).
GR-240. Sendero Sulayr. Circuito circular pro Sierra Nevada (Granada).
GR-241. Sendero Circular de Borredà. Recorre el termino del municipio de Borredrà (Barcelona).
GR-249. Gran Senda de Málaga. Recorre la provincia de Málaga.
GR-280. Uribe Kosta. Recorre la Comarca de Uribe (Vizcaya).
GR-282. Senda del Pastoreo. Transcurre por espacios naturales de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra y Castilla y León.
GR-283. Ruta del queso Idiazábal. Recorre el interior de Guipúzcoa.
GR-290. Sendero Dos Aguas. Recorre la Sierra de la Demanda entre Burgos, La Rioja y Soria.     
GR-300. Círculo al Embalse de El Atazar (Madrid).

martes, 23 de septiembre de 2014

Literatura sobre Roma

Sobre la historia de la antigua Roma se ha escrito mucho y se ha estudiado mucho. Y también se ha hecho literatura. Sobre esta última voy a hacer un pequeño listado de novelas que se pueden leer para seguir de una manera distinta la historia de la Roma clásica.

Sobre la I Guerra Púnica, está la saga de John Stack, Dueños del Mar, con las novelas Galera de Roma (2010) y Capitán de Roma (2011) de la editorial Edhasa.
Sobre la II Guerra Púnica encontramos la trilogía de Santiago Posteguillo, Africanus: el hijo del cónsul (2006), Las legiones malditas (2008) y La traición de Roma, 2009 de Ediciones B.
Del período que va del 110 al 27 a. C., es decir, todo el final de la República, desde la subida al poder de Cayo Mario a la de Octavio Augusto destaca la serie de 7 libros de Colleen McCullough formado por El Primer Hombre de Roma (1990), La corona de hierba (1991), Favoritos de la fortuna (1993), Las mujeres de César (1996), César (1998), El caballo del César (2003) y Antonio y Cleopatra (2008).
A parte de esta serie, también hay otros libros que tratan este período del final de la República como el libro de Howard Fast, Espartaco (1951), y toda una serie de novelas sobre Cesar de distintos autores como Thornton Wilder que escribió Los idus de marzo (1948). Editorial Edhasa (2005). O el Julio Cesar, de Shakespeare. También de esa época hay una serie de novelas de detectives, Gordiano el Sabueso, de Steven Saylor.
De época propiamente augustea, destaca Augustus (el hijo de Cesar) (1973) de John Williams
De Augusto a Claudio una novela famosa de la que se haría una serie no menos famosa, Yo, Claudio (1934), de Robert Graves, Editorial Edhasa (2008).
Sobre Nerón está ¿Quo vadis? (1896) de Henryk Sienkiewic, Editorial Belacqua (2008).

Quo Vadis, edición  inglesa de 1897
 
De época de Vespasiano, existe una saga de novelas basadas en otro investigador, Marco Didio Falco del escritor Lindsey Davis, publicadas por Edhasa.
 
De época de Trajano, aunque también se ve la época de Domiciano, e indirectamente llega hasta Nerón, está la trilogía de Santiago Posteguillo, Los asesinos del Emperador (2011), Circo Máximo (2013) y La ira de Trajano (en fase de redacción), Editorial Planeta.
 
Del gobierno de Adriano, está la también famosa Memorias de Adriano (1951) de Marguerite Yourcernar, Edhasa (2009).
 
De Marco Aurelio está La Primera muerte de Marco Aurelio (2001), de Gisbert Haefs.
Sobre Constantino está Invictus, Constantino, el emperador guerrero (2013), Simone Sarasso, Editoral Planeta.
 
Está la novela sobre el emperador Juliano, está la novela Juliano el Apóstata (1996), de Gore Vidal Editorial Edhasa (1996).
 
Sobre el final del Imperio está Atila, el azote de Dios (2005) de William Dietrich, de Ediciones B y La última legión (2003) de Valerio M. Manfredi, editorial Grijalbo.


Y hasta aquí este brevísimo repaso a novelas históricas sobre la Roma antigua. Sé que me he dejado muchísimas novelas por poner, pero simplemente quería poner una especie de listado para que en cuanto se dejara un libro y se tomara el siguiente, pareciese una continuación histórica, sin grandes saltos. Es decir, si alguien quiere seguir la historia de Roma, cuando acaba un libro y empieza el siguiente que no parezca que se ha perdido mucha historia entre medias.

martes, 9 de septiembre de 2014

La ruta del Cister

A mediados del siglo XII finalizó la reconquista de los últimos reductos musulmanes en el noreste de la península. Con el apoyo de la Corona de Aragón, la Orden del Cister inicia su expansión por estas nuevas tierras cristianas. En las comarcas de la Conca de Barberá, Alt Camp y Urgell, están los tres monasterios cistercienses más importantes de Cataluña: Santes Creus, Vallbona de les Monjes y Poblet.

Monasterio de Santes Creus
Situado en la Comarca del Alt Camp, a orillas del río Gaia, fue fundado en el año 1158, aunque su construcción se extendió hasta el siglo XVIII. En sus edificios se hayan representados los estilos arquitectónicos de las diferentes épocas, desde el románico hasta el barroco. Es el único monasterio de la ruta deshabitado. La vida monacal desapareció definitivamente con la Desamortización de 1835.
Está protegido por dos recintos amurallados. En el primero destacan la Puerta de L’Assumpta, barroca, y la iglesia de Santa Llucia construida sobre un primitivo templo románico. En el segundo recinto destaca la plaza dedicada a Sant Bernat Calvó, abad en el siglo XIII, el Palacio del Abad, siglo XVI, construido sobre un antiguo hospital y sede actual del Ayuntamiento. La iglesia conserva una puerta románica, dos ventanas laterales con arcos de medio punto y un gran ventanal gótico. Su interior alberga varios sepulcros monumentales que guardan los restos de Pere el Gran, Jaime II y su mujer Blanca de Anjou.
En la plaza se encuentra también la Puerta Real que comunica con el claustro de gótico flamígero, con capiteles profusamente tallados.

Monasterio de Vallbona de les Monjes
Situado en la comarca de Urgell, en un valle próximo a la sierra del Tallat, es el monasterio más pequeño de la ruta. Fundado a mediados del siglo XII, ha sufrido numerosas reformas a lo largo de la historia. Ha permanecido habitado por una comunidad de monjas durante ocho siglos, con la única interrupción del periodo de guerra civil. El conjunto fue muy alterado durante el siglo XVI, cuando nuevas normas dictadas por el concilio de Trento exigieron a los monasterios femeninos estar situados en lugares habitados.
Claustro. El claustro, siglos XII al XV, es de planta trapezoidal. A su alrededor se sitúan las dependencias antiguas: refectorio, biblioteca, cocina etc. En sus alas se alternan los estilos románico y gótico. En el ala norte está la sala capitular, siglo XIV, de estilo gótico flamígero. Su interior alberga sepulcros abaciales y una imagen de la Virgen de la Misericordia atribuida a Pere Joan. En la capilla de la Virgen del Claustro se encuentra una imagen románica, la Mare de Dèu del Claustre, restaurada en el siglo XV.
Iglesia. Construida durante los siglos XIII y XIV en estilo de transición del románico al gótico. Tiene portada románica, bóveda de crucería y un cimborio campanario de planta octogonal del siglo XV. En el interior está la capilla del Corpus Christi y el grupo escultórico del Santo Entierro, siglo XV. En el presbiterio se encuentran los sepulcros de la reina Violant de Hungría, esposa de Jaime I y de su hija Sancha de Aragón. Por el Portal dels Morts, cegado por una tumba, se accedía al coro, presidido por una imagen de Santa María en piedra policromada.
Librería. La librería contiene valiosos códices medievales y antiguos documentos.

Puerta Real, entre dos torres, y puerta barroca de acceso a la iglesia

Monasterio de Poblet
El Monasterio de Santa María de Poblet está situado en la comarca de la Conca de Barberà, entre los pueblos de Vimbodi y L’Espluga de Francolí, cerca de Montblanc, al pie de la sierra de Prades. Fundado en el año 1153 por Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, quedó deshabitado en 1835 durante la Desamortización. La restauración de la vida monástica se inició en 1940. Es el monasterio más grande de la ruta y es el mayor cenobio habitado de Europa. Fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1992.
El conjunto monumental esta constituido por tres recintos parcialmente amurallados:
La Puerta de Prades permite el acceso al primer recinto, donde está situada la capilla gótica de Sant Jordi del siglo XV.
La Puerta Dorada, siglo XV, da acceso al segundo recinto. A la izquierda queda la capilla de Santa Caterina, siglo XIII, y una gran cruz monumental gótica. A la derecha queda el Palacio del Abad (1591-1776).
La Puerta Real da acceso al tercer recinto, protegido por unas imponentes murallas construidas por Pedro III el Ceremonioso en el año 1366. La puerta está flanqueada por dos grandes torres poligonales. En la muralla está situada la puerta barroca de la iglesia, siglo XVIII. La Iglesia, siglos XII y XIII, alberga un retablo de alabastro renacentista, obra de Damià Forment, y los sepulcros de algunos reyes de la Corona de Aragón.
El Claustro, siglos XII y XIII, es un ejemplo de transición del románico al gótico.

El inacabado Palacio del Rey Martín, gótico flamígero, alberga el Museo del Real Monasterio de Poblet, con piezas románicas y góticas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Existieron mujeres piratas?

En 1994, los piratas filipinos asaltaron una embarcación en el mar de China y entre ellos había una mujer. En 2006, se indicó la presencia de dos o tres féminas armadas en un barco pirata malayo. Ambos hechos fueron considerados sorprendentes y únicos. Pero la realidad es bien distinta. A pesar de que las mujeres escasean en ciertos ámbitos, la Historia nos habla de importantes científicas, astronautas, políticas, historiadoras, guerreras, gladiadoras, guerrilleras, bastantes literatas, pintoras, médicas, espías y no pocas actrices, modelos… Un listado en el que, evidentemente, también se cuelan personajes femeninos del otro lado de la ley, como gángsters, bandoleras, mafiosas y, claro está, piratas.
Siempre ha habido mujeres embarcadas como pescadoras, comerciantes, asalariadas de la Marina... pero también hubo quienes formaron parte de tripulaciones piratas o de la población de los puertos y refugios de corsarios y filibusteros. Aunque la geografía de la piratería, masculina o femenina, es universal, no se sabe mucho de las bandidas del África occidental, de las del subcontinente indio o de Oceanía, y ha habido muy pocas en el mundo árabe. Sabemos más, en cambio, de las de China y del sudeste asiático. Y, por supuesto, las ha habido en la América colonial y, sobre todo, en Europa.
La extracción social de la piratería femenina, de las piratas propiamente dichas y de las demás mujeres de ese entorno, es también variada. Muchas de ellas eran proletarias, campesinas expropiadas, delincuentes comunes, prostitutas, sirvientas y, cómo no, ex cautivas y ex esclavas. Algunas fueron simples aventureras, sin causa aparente para lanzarse a la piratería. Las hubo asimismo nacionalistas, contrarias a la dominación extranjera de su país, perseguidas, exiliadas, renegadas y herejes. Otras, tenían un origen burgués, por ser hijas de comerciantes, abogados o funcionarios. Sin olvidar las que provenían de la nobleza, venidas a menos o no, e incluso se sabe de princesas y reinas que acabaron ejerciendo tan aventurado oficio. En definitiva, ha habido mujeres piratas en todas las épocas y de todos los estamentos sociales.

Artemisa, reina y corsaria
En la Antigüedad, el Mediterráneo y el mar del Norte fueron escenarios clásicos de la actividad corsaria. Muchas sociedades, con sus reyes y reinas, vivían de la agricultura, del comercio y..., de la piratería. En el siglo V a. C., Herodoto hace referencia a la reina y corsaria Artemisa I de Halicarnaso, que se alió con Jerjes II en Salamina para luchar contra los griegos. De ella diría el rey persa que era la mejor de sus capitanes. Al mando de las galeras de su reino, Caria (Asia Menor), Artemisa usaría estandartes griegos o persas en función de sus intereses. Un siglo después, Artemisa II de Halicarnaso, además de ordenar la construcción del famoso Mausoleo, que figuró entre las Siete Maravillas de la Antigüedad, sería conocida por emplear las tácticas más rudimentarias de la piratería para luchar contra sus enemigos. No menos célebres fueron los piratas ilirios, pueblo indoeuropeo que se estableció, sobre todo, en la costa oriental del Adriático, cuya economía se basaba en gran parte en la actividad pirática. Uno de sus más famosos miembros fue una mujer, la reina Teuta, del siglo III a. C., viuda del rey Agrón de los ardiaei -etnia iliria-. Su reino se extendía desde la actual Split, en la costa dálmata, al Epiro, en el extremo noroccidental de Grecia. Teuta organizó excelentemente sus recursos corsarios contra otros piratas ilirios y contra las costas griegas -conquistó la isla de Corfú- e itálicas, hasta que en 229 a. C. los romanos pusieron fin a sus andanzas.

Edad Media
En la Edad Media, a partir del siglo VI y tras las invasiones eslavas, hubo mujeres entre los piratas croatas, dálmatas y vénetos del Adriático. Y en el mundo vikingo también: la sueca Sigrid del siglo X, las noruegas Rusla y Aasa, del IX, y la islandesa Freydis, hija del vikingo Erik el Rojo, en el siglo XI. Se conocen también algunas frisonas, danesas y germanas, como Foelke, que vivió en el XIV, y algunas francesas, a caballo entre la milicia y el corso, entre las que destacan Jeanne de Montfort, hija de un conde francés, y Jeanne Clisson.

Piratería femenina en la Edad Moderna
Llegados a la Edad Moderna, el Mediterráneo era un mar de piratas. Se sabe de una berebere, Sidá al-Hurra, que fue sultana durante el siglo XVI. Incluso la literatura se hace eco de ellas. Así, Cervantes cuenta historias, quizá ficticias o basadas en realidades difusas, de piratas -o similares- españolas, moriscas, e italianas, algunas de ellas ex cautivas, en el norte de África.
Más al Norte, entre el siglo XVI y el XVII, una peculiar familia pirata córnica fue la de los Killigrew, en la que hay varias mujeres. Inglesa era Juana la Negra e irlandesa Grace O’Malley. Ésta última, cuyo verdadero nombre en gaélico era Grainne Ni Mhaille, pertenecía a una saga de la pequeña nobleza que se remontaba al siglo XII y era antiinglesa, pues su familia no había rendido vasallaje a Enrique VIII de Inglaterra. Nacida hacia 1530, hablaba habitualmente gaélico y muy mal el inglés. Oficialmente cristiana, conservaba la religión druídica, por cuyos ritos se casó la segunda vez. Participaba en las luchas de clanes y familias irlandesas y era una experta marinera. Entre 1550 y 1600 fue una verdadera pirata brutal y sin escrúpulos, incluso con sus propios hijos. Poseía una gran flota con la que atacaba poblaciones costeras inglesas e irlandesas y asaltaba barcos, incluso turcos y españoles.
Isabel I de Inglaterra ofreció 500 libras por su cabeza, fue dos veces capturada y dos excarcelada. En los últimos años pidió y obtuvo la gracia de la Reina, con la que llegó a un acuerdo, en 1593, por el que ésta aceptaba sus reclamaciones de tierras y le concedía el perdón convirtiéndola en su aliada. Su castillo todavía puede verse en la isla de Clare. Murió, se dice, reincidente, en el asalto a un barco.

Bonny y Read
Entre los siglos XVI y XVIII las aguas americanas fueron el paraíso del bandidaje marino. Y también un nido de piratas euro-americanas: mujeres en su mayoría europeas, deportadas o emigradas a América. Algunas habían sido capturadas junto a tripulaciones piratas o en puertos piratas. Judith-Armande Préjoly, nacida en el siglo XVII, sería una de ellas. De existencia dudosa, se cuenta que fue ahijada de Richelieu y hereje, lo mismo que Marie-Anne Dieu-le-Veut. Mencionaremos también a la renegada anglo-francesa Charlotte de Berry y a la marquesa de Fresne, ambas del XVII. Otras dos mujeres piratas de fama fueron la irlandesa Anne Bonny y la anglo-irlandesa Mary Read. Éstas han sido las más celebradas en narraciones y películas. Defoe se inventó unas biografías del gusto del siglo XVII, en las que la verdad salía bastante malparada. Anne Bonny era hija natural de un abogado irlandés, que la llevó a Carolina del Sur, EE.UU. La chica, fuerte y brutal, mató a una sirvienta de una cuchillada. Se la relaciona con algunos hombres, pero sobre todo con el pirata Rackham, apodado Calico Jack.

¿Existieron mujeres piratas
Anne Bonny
Por su parte, Mary Read, quien quizá fuera hija de una prostituta, se manifestó siempre como un varón y desde pequeña le gustaba vestir como tal. Se alistó en el ejército inglés y luego en una unidad holandesa, sin revelar su sexo. En algún momento se unió a la tripulación del barco de Rackham, donde conoció a Anne y acabaron siendo amigas y amantes. En el barco llevaban ropas de hombre, juraban y blasfemaban, y en los combates se portaban más bravamente que muchos de ellos.
Capturadas junto a Rackham, fueron juzgadas en la Jamaica británica y condenadas, en 1720, por “participar en bandas piratas y en combates”. Curiosamente, las mujeres que ejercían la piratería no solían ser ahorcadas, excepto si habían participado en combates y, aun así, solían salvarse si se decían embarazadas. Es lo que ocurrió con Anne y Mary, que gracias a su embarazo sólo fueron encarceladas. También en el siglo XVIII se hicieron famosas Mary Lindsey, para algunos puta y criminal, Mary Harvey, Rachel Wall, que fue más bien una raquera, y la irlandesa Margaret Jordan, ambas condenadas a muerte en 1789 y 1809, respectivamente.

Filibusteras
En el siglo XIX, la piratería se extinguió en Europa, pero continuó una forma de filibusterismo en Latinoamérica. En éste oficio se mezclaban hombres y mujeres, simples bandidos, negreros, mercenarios, inmigrados y exilados, muchos al servicio de latifundistas, de potentados locales e incluso de repúblicas de reciente cuño. Algunos autores meten en este saco a Anita, la mujer del italiano Giuseppe Garibaldi, mercenario patriota y parece ser que también pirata durante un tiempo, que vivió en los años 40 del siglo XIX. En la lista aparece María Cruz, negrera lisboeta de la primera mitad del mismo siglo, y Vanda, la extraña compañera rusa de un curioso ex cura y semipirata, tal vez colombiano de origen español, Domingo Muñoz. En sus aventuras se mezcla la piratería con las religiones africanas de los esclavos huidos que habían formado comunidades cimarronas independientes.
La piratería ha sido una plaga en el mar del Japón, lo sigue siendo en el de la China meridional y en los archipiélagos de Indonesia y, como en Europa, se mezcla con la economía y la política. Muy activos fueron los piratas japoneses y también los vietnamitas, entre los que, se dice, había algunas féminas.
Los viajeros europeos hablan de mujeres chinas, en distintas épocas, que se dedicaban a la piratería y que participaban en combates junto a los hombres, y cuentan que hubo más de una. La más famosa fue Ching Shih (1785-1844). Esta violenta, inteligente y manipuladora pirata cantonesa, que al parecer había sido prostituta, fue mujer de un famoso corsario, Zheng Yi. A su muerte, amplió y mandó su gran flota pirata reuniendo unos 1.800 barcos entre juncos artillados y otras embarcaciones, con más de 70.000 personas bajo sus órdenes, casi un pequeño estado. Activa entre 1807 y 1810, atacaba a las poblaciones de la costa de China meridional en torno a Cantón y asaltaba barcos de cualquier bandera, enfrentándose y derrotando en ocasiones a la flota imperial china.

Prohibía el maltrato y la violación de las mujeres, por lo que fue considerada, abusivamente, feminista ante litteram. Pero hacia 1810, su gigantesco emporio, muy difícil de gobernar, entró en crisis. Algunos de sus jefes se amotinaron y se rindieron al gobierno central, sobre todo cuando el emperador ofreció el perdón, del que acabó gozando también Ching Shih.

jueves, 21 de agosto de 2014

Hypatia de Alejandría, la primera mujer científica de la Historia

El nombre de Hypatia significa la más grande. La leyenda de Hypatia de Alejandría nos muestra a una joven, virgen y bella, matemática y filósofa, cuya muerte violenta marca un punto de inflexión entre la cultura del razonamiento griego y el oscurantismo del mundo medieval. Como ocurre con todas las biografías de los matemáticos (y matemáticas) de la antigüedad, se sabe muy poco de su vida, y de su obra se conoce sólo una pequeña parte.

Fue recordada como una gran maestra y admirada por la magnitud de sus conocimientos. Era considerada como “el mejor matemático vivo” del mundo greco-romano. En la época de la Ilustración, Toland y Voltaire, utilizaron su figura como expresión de la irracionalidad del fanatismo religioso, y en el Romanticismo la recrearon como la encarnación del espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita. Pero toda esta notoriedad ha hecho que se pierdan de vista sus logros intelectuales y su auténtica biografía.
Hypatia nació en Alejandría (Egipto), en el año 370 de nuestra era y murió en esa misma ciudad en el año 415. Fue una mujer científica, filósofa neoplatónica y maestra, que con su sabiduría y sus enseñanzas contribuyó en gran medida al desarrollo de las Matemáticas y la Astronomía.

Retrato imaginario de Hypatia, de Rafael.

Alejandría en el siglo IV
En el siglo IV Egipto era una provincia romana y continuaría siéndolo hasta la llegada de los árabes en el siglo VII. En el año 312, el emperador Constantino se había convertido al cristianismo. Al año siguiente, en el 313, fue firmado el Edicto de Milán por el cual se estableció la paz religiosa y la libertad de cultos. En el año 330, Constantino traslada la capital del imperio a Bizancio, que pasaría a llamarse Constantinopla. En los últimos años del siglo IV Roma se divide en dos partes: el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente. Egipto es incorporado al Imperio de Oriente y en estos años vive el ocaso de su Historia Antigua. El cristianismo también había llegado a Egipto. En la época que nos ocupa se suceden grandes controversias y disputas entre las distintas facciones de cristianos. Algunos autores reseñan cómo las peleas llegan a hacerse callejeras. La Iglesia cristiana defendía en estos momentos su independencia respecto al poder imperial y los emperadores del siglo IV se consideraban autócratas y muy por encima de la ley. En Alejandría vive y predica el obispo Teófilo (385-412), enemigo de Juan Crisóstomo que predicaba en la Iglesia de Antioquia (actualmente en Turquía). La rivalidad entre Alejandría y Constantinopla también era algo a tener en cuenta, ya que afectó grandemente a las iglesias del resto de la cristiandad. Finalmente la iglesia egipcia se separó de la iglesia de Oriente. Fue entonces cuando apareció la lengua copta, una mezcla entre el egipcio demótico y la influencia del griego.
En estas circunstancias históricas vino al mundo Hypatia de Alejandría, en un momento en que el estudio y la importancia de las ciencias y del saber estaban casi olvidados, y no sólo eso, sino perseguido por personajes como el obispo Teófilo y el obispo Cirilo.

Filosofía
En la llamada escuela de Alejandría, el neoplatonismo tiene sus últimos representantes en el círculo que Olimpiodoro fundó en Alejandría en el siglo IV, y que continúa con varios autores de no mucho relieve, entre otros: la filósofa Hypatia, Hierocles, Filipón (ca. 490-530) -comentador de Aristóteles convertido luego al cristianismo- y por último, ya en el siglo VII, otro comentador de Aristóteles, Esteban de Alejandría.

Una mujer en la ciencia
Hypatia nació en Alejandría a mediados del siglo IV, algunas referencias dicen que en el 370 y otras en el 355. Su padre Teón de Alejandría era un célebre matemático y astrónomo, muy querido y apreciado por sus contemporáneos, que seguramente trabajaba y daba clases en la Biblioteca del Serapeo. Teón fue un sabio que no se contentó con guardar los conocimientos de la ciencia para sí y sus discípulos sino que hizo partícipe de ellos a su propia hija, algo verdaderamente insólito en el siglo IV. Hypatia por su parte era una mujer abierta a todo el saber que su padre quisiera volcar sobre ella y así fue cómo se educó en un ambiente académico y culto. En efecto, Teón le transmitió su conocimiento sobre las matemáticas y la astronomía además de la pasión por la búsqueda de lo desconocido. Los historiadores han llegado a asegurar que incluso superó al padre, y que muchos de los escritos conservados que se suponen de Teón son en realidad de la hija.
Aprendió también sobre la historia de las diferentes religiones que se conocían en aquel entonces, sobre oratoria, sobre el pensamiento de los filósofos y sobre los principios de la enseñanza. Viajó a Atenas y a Roma siempre con el mismo afán de aprender y de enseñar.

La casa de Hypatia se convirtió en un lugar de enseñanza donde acudían estudiantes de todas partes del mundo conocido, atraídos por su fama. Uno de sus alumnos fue Sinesio de Cirene, obispo de Ptolemaida (en Fenicia), rico y con mucho poder. Este personaje dejó escrita mucha información sobre Hypatia, su maestra. Por medio de él pueden llegar a conocerse los libros que ella escribió para la enseñanza, aunque ninguno ha llegado a nuestros días. Otro alumno llamado Hesiquio el hebreo escribió unas obras que se conservan, en las que también hace una descripción sobre las actividades de Hypatia y asegura que los magistrados acudían a ella para consultarle sobre asuntos de la administración. Dice también que fue una persona muy influyente en el aspecto político. También se interesaba por la mecánica y ponía en práctica la tecnología. Se sabe que inventó un aparato para destilar el agua, un hidrómetro graduado para medir la densidad de los líquidos y un artefacto para medir el nivel del agua.

Pero Hypatia era pagana y le tocó vivir en tiempos duros para el paganismo. Su situación llegó a ser muy peligrosa en aquella ciudad que se iba haciendo cada vez más cristiana. Los filósofos neoplatónicos como Hypatia pronto se vieron perseguidos. Algunos se convirtieron al cristianismo, pero Hypatia no consintió en ello a pesar del miedo y de los consejos de sus amigos como el caso de Orestes, prefecto romano y alumno suyo, que no consiguió nada a pesar de sus ruegos. Hypatia resultó ser para sus enemigos, no una mujer científica sino una bruja peligrosa.

Muerte de Hypatia
En el año 412 el obispo Cirilo de Alejandría fue nombrado patriarca, un título de dignidad eclesiástica que sólo se usaba en Alejandría, Constantinopla y Jerusalén, que equivalía casi al del papa de Roma. Cirilo (elevado siglos más tarde a los altares) era un católico que no consentía ninguna clase de paganismo ni de herejía y que luchó toda su vida defendiendo la ortodoxia de la Iglesia católica y combatiendo el nestorianismo. Los historiadores creen que Cirilo fue el principal responsable de la muerte de Hypatia, aunque no exista documentación directa que lo acredite.

Se dice que Cirilo era enemigo de esta mujer, a la que temía y admiraba a la vez. Pero siguiendo la tónica general de la época, no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema. Por lo tanto creó un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana. En el mes de marzo del año 415, Hypatia fue asesinada de la manera más cruel por un grupo de monjes de la iglesia de San Cirilo de Jerusalén (no hay que confundir a los dos Cirilos: el de Jerusalén había muerto en el año 387). Los hechos están recogidos por un obispo de Egipto del siglo VII llamado Juan de Nikio. En sus escritos justifica la masacre que se hizo en aquel año contra los judíos de Alejandría y también la muerte de Hypatia. Cuenta cómo un grupo de cristianos impetuosos y violentos, seguidores de un lector llamado Pedro fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo llamado Cesáreo; allí continuaron con la tortura cortando su piel y su cuerpo con caracolas afiladas, hasta que murió; a continuación descuartizaron su cuerpo y lo llevaron a un lugar llamado Cinaron y allí finalmente lo quemaron. De esta manera creyeron dar muerte a lo que ellos llamaban idolatría y herejía.

Orestes, el prefecto romano amigo y alumno de Hypatia informó de los hechos y pidió a Roma una investigación. Pero por «falta de testigos», se fue retrasando, hasta que llegó un momento en que el propio Cirilo aseguró que Hypatia estaba viva y que habitaba en la ciudad de Atenas. Orestes tuvo que huir de Alejandría y abandonar su cargo. Con la muerte de Hypatia se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. El interés por las ciencias fue debilitándose y la Historia entró en el oscurantismo. Pudo sobrevivir en Bizancio y poco después empezó de nuevo a florecer en el mundo árabe musulmán

martes, 5 de agosto de 2014

El clima en la Historia

Aunque históricamente el clima no ha sido la única causa que ha provocado el declive o la desaparición de una determinada cultura, imperio o civilización antigua, siempre ha sido uno de los factores clave del asunto, sino el principal.
La cuna de nuestra civilización occidental surgió hace unos 5.000 años en Mesopotamia, y el clima fue decisivo tanto en el florecimiento de esas primeras ciudades y antiguas culturas, los datos paleoclimáticos parecen confirmar que entre los años 5.000 y 3.000 a. de C., y después de una nueva vuelta al frío y a las grandes sequías, el clima volvió a templarse y a ser más húmedo, caracterizándose por su benignidad, lo que habría permitido establecer asentamientos permanentes en esas tierras fértiles, a caballo entre los ríos Tigris y Éufrates. Allí se fundaron las primeras ciudades.
Paralelamente, en las riberas del río Nilo se unifica el reino de Egipto, ya que confluyen allí diferentes pueblos nómadas que se ven forzados a abandonar la parte oriental del Sahara. Esto fue así debido a que esa zona empezó a convertirse en un inhóspito desierto, tras unas prolongadas sequías (El Gran Árido), que algunos climatólogos han relacionado con episodios de El Niño. En aquella época, el resto del Sahara no era un desierto como en la actualidad. En el sur de Argelia y en las regiones centrales saharianas había zonas boscosas y abundaba el agua. Repartidos por el actual desierto, hay montones de yacimientos arqueológicos donde aparecen, por ejemplo, pinturas rupestres que muestran hipopótamos, lo que da fe del cambio de paisaje que ha experimentado la zona. Ya Herodoto, hace 7.000 años, dejó constancia en sus escritos de la degradación que estaba sufriendo el Sahara central. Parece claro, que la historia del Antiguo Egipto no puede entenderse del todo bien sin tener en cuenta el factor climático. El declive de la civilización egipcia coincidió en el tiempo con la expansión del Imperio romano, que pudo llevarse a cabo gracias en buena parte a las bondades del clima reinante.
A principios de la era cristiana, bajo el mandato del emperador Augusto, el clima que dominaba en el Mediterráneo era caluroso y más húmedo que el actual. En líneas generales, se puede afirmar que los romanos pasaban algo más de calor que nosotros ahora, lo que en parte queda justificado por la indumentaria que llevaban, con ropas bastante ligeras. Aparte de veranos secos y calurosos, los inviernos eran, en general, más suaves, y no sólo en la zona mediterránea, sino en buena parte de Europa. De hecho, el cultivo de la vid se había extendido por gran parte de Alemania e Inglaterra.
El llamado Período Cálido Romano tocó techo hacia el año 400 d. C., y ciertamente esa fecha marca el principio del fin del Imperio. Los inviernos se fueron volviendo cada vez más rigurosos, especialmente en el norte de Europa, lo que forzó a los pueblos bárbaros a desplazarse hacia el sur. Entre esto, las malas cosechas y la presión de los bárbaros, el Imperio romano llegó a su fin, dando paso a la Edad Media.
Las bajas temperaturas con las que arrancó este vasto periodo de la historia no perduraron durante todo él. Fue únicamente hasta el año 1000; es decir, durante la Alta Edad Media, cuando gran parte de Europa tiritaba de frío, aunque tampoco hay que pensar en un invierno permanente, sino en muchos años seguidos en que los inviernos fueron muy rigurosos, con frecuentes olas de frío, siendo el resto de las estaciones más secas que lluviosas. De todas formas, este período frío no tuvo en toda Europa la misma duración. Mientras que en Escandinavia el clima se fue suavizando hacia el año 700, en Centroeuropa la transición del frío al calor se postergó hasta los tiempos de Carlomagno; es decir, de mediados del siglo octavo a principios del noveno, mientras que en la península Ibérica no fue hasta principios del siglo xi cuando se recuperaron las temperaturas.
Hacia el ya citado año 700, en latitudes altas del hemisferio norte se inicia un período cálido bastante excepcional, que se prolongaría hasta el año 1200 aproximadamente y que en climatología recibe el nombre de Pequeño Óptimo Climático o Medieval. En la actualidad hay un gran debate científico sobre si en dicho período el calentamiento era de mayor o menor magnitud que el que nos está tocando vivir. El apogeo de esa fase cálida ocurrió entre los años 1100 y 1300. Las altas temperaturas vinieron, además, acompañadas de generosas precipitaciones siendo, aparte de caluroso, un período excepcionalmente húmedo. Todo esto tuvo una notable incidencia en la producción agrícola y ganadera.
En Europa, justo a mediados del siglo XIV, la sucesión de años frescos y húmedos, con muy poca insolación, diezmaron las cosechas de cereales y vid y favorecieron la rápida extensión de la Peste Negra. La transición del calor al frío se caracterizó por ser un periodo extraordinariamente húmedo, que fue dando paso a años cada vez más fríos, en lo que sería el inicio de la Pequeña Edad de Hielo (peh), que se prolongaría hasta mediados del siglo XIX.


El meteorólogo Inocencio Font Tullot, en su conocida «Historia del clima de España», comenta que en España el clima no empezó a cambiar de manera notable hasta bien entrado el siglo XVI, lo que no evitó la incidencia de la peste. En España podemos fijar el arranque de la peh hacia el año 1500.
Aunque la peh no es comparable, ni en duración ni en magnitud, a una glaciación, fue lo suficientemente importante como para influir decisivamente en el desarrollo de la civilización europea y de otras partes del mundo. La peh consistió, en líneas generales, en la sucesión de 150 años casi ininterrumpidos con inviernos largos y muy fríos y veranos cortos y frescos, aunque en dicho período el cambio climático no fue global, ya que algunos indicadores apuntan a que en el Hemisferio Sur de la Tierra apenas se notaron sus efectos. Tampoco podemos dar una única fecha de inicio y de final de dicho periodo, ya que hay importantes desfases temporales dependiendo de las regiones afectadas. No obstante, suele considerarse el período de 1550 a 1700 como el más frío, iniciándose el enfriamiento en algunos lugares a finales del siglo XIV, y prolongándose en otros hasta mediados del XIX, con importantes altibajos a lo largo de esos casi cinco siglos de historia. Entre 1565 y 1665 los paisajes invernales se convirtieron en un motivo muy recurrente entre los pintores europeos (Pieter Brueghel El Viejo es uno de los mejores ejemplos), lo que es una prueba clara del tipo de tiempo dominante en aquella época.
Dos fueron las causas principales que, presumiblemente, desencadenaron ese período tan frío de la historia. La actividad solar fue una de ellas. Concretamente, durante el periodo que va de 1645 a 1715, el sol tuvo un comportamiento muy anómalo, con apenas manchas en su superficie, en lo que se ha dado en llamar el Mínimo de Maunder. Dicho período coincidió con los años de temperaturas más bajas de toda la peh, lo que no parece una mera casualidad. Por otro lado, la actividad volcánica era bastante mayor que en la actualidad, emitiéndose a la estratosfera enormes cantidades de partículas procedentes de erupciones explosivas, como la del Tambora, en 1815, o la del volcán islandés Laki, en 1783, que le permitió a Benjamín Franklin (1706-1790) establecer por primera vez una relación entre los volcanes y el clima.
Los últimos coletazos de la peh coincidieron prácticamente en el tiempo con el establecimiento de una red mundial de observatorios meteorológicos, hacia 1850. A partir de esa fecha, los glaciares de los Alpes y de los Pirineos comenzaron a perder masa neta, aunque no ha sido hasta estas últimas décadas cuando el ritmo de fusión ha aumentado vertiginosamente.
El período que va desde 1850 hasta nuestros días, cubierto en su totalidad por registros de las variables climatológicas, si lo comparamos con otros de los períodos históricos que se ha ido comentando, podemos considerarlo un período cálido y benigno que, sin duda, ha contribuido al crecimiento económico y de población más importante acontecido a lo largo de toda la historia de la humanidad.
En todo ese tiempo -162 años-, el clima no se ha comportado de forma uniforme, sino que podemos distinguir tres grandes períodos. El primero de ellos sería el que va desde 1880 hasta la década de 1940, caracterizado por una recuperación continua, lenta y sostenida de las temperaturas. Dicha tendencia se quebró entre las décadas de 1950 y 1970, para iniciarse en los años 80 del siglo XX una nueva fase cálida, que es en la que nos encontramos en la actualidad, y que los científicos relacionan con el cambio climático.
Puede constatarse científicamente que desde mediados del siglo XX -coincidiendo con el final de ese período frío que a algunos climatólogos de la época les llevo a pensar en que nos dirigíamos hacia una nueva glaciación- ha aumentado la variabilidad climática. ¿Esto qué quiere decir?, pues que el clima se ha ido volviendo cada vez más extremo. Aunque los récords que más se baten últimamente son los de calor, de vez en cuando nos encontramos con valores negativos de temperatura nunca antes alcanzados en determinadas épocas del año. Con las lluvias o con la falta de ellas pasa algo parecido y esto es algo que se observa en todo el planeta; una tendencia general.


Extraído del artículo: El Clima de la Tierra a lo largo de la historia, de J. M. Viñas Rubio