martes, 30 de diciembre de 2014

¿Y si la Alemania Nazi hubiese ganado la segunda guerra mundial?

 ¿Y si la Alemania Nazi hubiese ganado la segunda guerra mundial?

Ello fue posible durante bastante tiempo. En noviembre de 1941, Hitler estuvo cerca de conquistar Moscú (alcanzó los suburbios) y de bordear por entero el rio Volga, desde su nacimiento (a donde llegó), hasta su desembocadura (que estuvo a punto de conseguir). La publicación alemana Der Spiegiel recoge las hipótesis de varios historiadores rusos, según los cuales, la batalla de Moscú cambió el rumbo de la guerra. Esta derrota nazi mostró al mundo que era posible vencer al Tercer Reich: especialistas en ‘historia ficción’ admiten que el mapamundi sería muy diferente si la victoria se hubiera decantado para el otro lado.
La Inglaterra de finales de 1941 podía lanzar la toalla de un momento a otro; Churchill dependía de su estado ánimo y del de su público. El público inglés intentaba aún, en 1941, mantener el tipo. Pero estaba ya cansado. La conquista de Rusia por Hitler, liberando así a toda la Luftwaffe, hubiese terminado aplastándole. Estados Unidos, ocupados en Asia, no hubiesen entrado en otra guerra en Europa, en aquellas circunstancias. El conflicto militar Estados Unidos-Hitler no hubiese tenido lugar, a pesar de la actitud belicista de Roosevelt.
¿Y qué mundo hubiese resultado de una victoria nazi, aunque solo fuera parcial? Evidentemente el mundo hubiese quedado, como quedó, dividido en compartimentos estancos. Solo que en lugar de dos, hubiesen sido más. Los nazis hubieran sido los amos y señores del suyo, Europa, Oriente Próximo y el norte de África, los comunistas de su porción de la URSS, y los norteamericanos de América y el Pacífico. ¿Y Japón? Pues dependiendo del momento en el que se hubiese firmado la paz, o hubiese quedado como señor de Asia excepto la India británica, o como el “satélite” de los EEUU en que quedó convertido tras 1945.

 Alemania Naz ganado segunda guerra mundial

Al acabar la guerra, se hubiese dado un primer paso: muchos emigrantes de origen alemán habrían retornado a Europa. Y para liberar espacio para ellos, Hitler habría deportado a cerca de 30 millones de habitantes de Europa Oriental a Siberia. Mientras la autoproclamada élite disfrutaba de la vida en la “Riviera” alemana, en Siberia morirían millones de esclavos que trabajarían allí para garantizar su bienestar. Burleigh llegó a semejante conclusión, al restaurar el famoso Generalplan Ost, un plan secreto nazi de genocidio y limpieza étnica elaborado entre los años 1940 y 1942.
Sin embargo, tampoco los problemas hubieran sido los mismos. Por ejemplo, Alemania se hubiese tenido que enfrentar a un problema que sencillamente no existió en 1945 tras la victoria aliada: el mestizaje de la población aria con los pueblos conquistados. Algo que nos puede parecer ridículo, pero que en absoluto lo era para los nazis.
Otro gran problema al que se hubiesen tenido que enfrentar los nazis en su área de influencia hubiera sido, sin duda, los efectos del nacionalismo exacerbado inherente a su ideología. Al contrario que en el bloque soviético o capitalista, los “aliados” de los nazis, tarde o temprano, hubiesen terminado por enfrentarse entre ellos por tierras en disputa. Ya en 1940 rumanos y húngaros estuvieron a punto de ir a la guerra dentro de la guerra por la Transilvania.
Y aún con este clima de inestabilidad política, el peor frente al que se hubiese enfrentado los nazis, hubiera sido, con mucha seguridad, el económico. La economía nazi estaba rígidamente planificada, no tanto como la soviética, pero sí mucho. Además, la mano de obra barata, sino esclava, proveniente del Este, necesaria durante la guerra, hubiese terminado por hundir a la economía de la paz.
Estados Unidos no sería la superpotencia que es ahora: No tendría el poder militar que tiene ahora porque Europa con Alemania al mando no se lo hubiese permitido (algo así como lo que ahora pasa con Irán o Pakistán). EEUU tendría que estar en buenas relaciones con Alemania, quizá una especie de “guerra fría”; muchas empresas y corporaciones americanas como la Standard Oil, ITT, General Motors, y clanes como el clan Rockefeller apoyaban tácitamente a Hitler (tomado del libro “Hitler ganó la Guerra” de Walter Graziano).
No existirían conflictos en Oriente Medio, o al menos no se daría una situación tan explosiva: No hubiese habido estado de Israel, en consecuencia no se habría favorecido el fundamentalismo, ni habría el importante número de musulmanes resentidos con Occidente y con ganas de expulsar a los judíos. Esta zona del mundo viviría en paz, o al menos no esa situación en la que está hoy día.
No hubiese existido la guerra fría ni la expansión del comunismo: Tras el triunfo de las potencia de “El eje”, la Unión Soviética se hubiese quedado sola y probablemente se rendiría antes que tener que estar rodeada por alemanes y japoneses en dos amplios frentes en una guerra de desgaste, por tanto el comunismo hubiese acabado por ceder y habría perdido mucha fuerza; quizá los japoneses aliados de los alemanes hubiesen hecho lo mismo con China, con lo que es posible que no hubiese habido República Popular China. Nada de Muro de Berlín ni Guerra Fría y seguramente tampoco Fidel Castro ni Hugo Chávez.
El orden social mundial tendría unas pinceladas de fascista, una sociedad más estricta con mayores controles, quizás positiva para evitar la criminalidad, la delincuencia, la corrupción…, pero por otro lado se perderían bastantes libertades como la de expresión.
Los países beneficiados: Alemania y Japón serían las superpotencias mundiales, también se hubiese beneficiado mucho Italia y España (simpatizantes de Hitler) que estarían entre las principales economías.
Los países perjudicados: difícilmente saber cuáles hubiesen sido probablemente muchos y los de razas denominadas por las nazis inferiores, países pobres con débiles ejércitos no les hubiese quedado otra que al fin rendirse y unirse antes que ser masacrados. Probablemente para los países del tercer mundo la situación sería parecida, solo que en vez de tener influencia de Estados Unidos tendrían la de Alemania.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La desconocida España del Siglo XVIII (2ª parte)


La política exterior
Durante el siglo XVIII, España, en política exterior, se dan los frutos de la Guerra de Sucesión Española (1700-1714) que terminó con la imposición del tratado de Utrech de 1714. Pero la negativa a revisar las condiciones del tratado llevó ya en 1717 a la ocupación de Sicilia y Córcega por tropas españolas cundiendo la alarma en toda Europa y organizándose la “Cuádruple Alianza” de Inglaterra, Holanda, Francia y Austria todos contra España: la flota inglesa derrotó a la escuadra de transporte española en la batalla naval del cabo Passaro de la costa italiana en 1718 a lo que se respondió con el desembarco en Escocia de un batallón de infantería de marina española de 300 soldados al mando del noble jacobita George Keith décimo conde Mariscal y 2.000 mosquetes que desató la rebelión de los highlanders de Rob Roy y la batalla de Glenshield (1719), a la que siguió la bancarrota de Inglaterra y Francia de 1720 que les obligó a pedir la paz ese mismo año debiendo reconocer de nuevo a España como potencia internacional miembro de la ahora “Quíntuple Alianza” y los derechos de los infantes Felipe y Carlos de España sobre los ducados de Parma y Toscana en Italia. Así terminó la “Guerra de la Cuádruple Alianza” (1717-1720) con España como clara vencedora del conflicto.
Tras esta presentación España vuelve al “Gran Juego” con dos objetivos: recuperar el control de Italia y proteger las colonias de la América española. Con este fin la corona interviene en cada conflicto europeo del siglo XVIII: con la “Guerra de Sucesión Polaca” (1733-1735) tropas españolas desembarcan en Nápoles y al mando del conde de Montemar aplastan en la batalla de Bitonto (1734) al ejército austriaco del virrey imperial Belmonte firmando Francia ese mismo año el “primer pacto de familia” y siendo reconocido el infante Carlos de España como rey Carlos VII de Nápoles y Sicilia. En el Mediterráneo se pone fin a la piratería berberisca con la conquista de Orán en 1732 por el almirante don Blas de Lezo y el bombardeo de Argel en 1783 por el almirante Barceló. En el Caribe la lucha de los guardacostas españoles contra el contrabando y la piratería ingleses en el Caribe degenera en la “Guerra de Asiento” o “Guerra de la Oreja de Jenkins”  (1738-1748) que culmina con el desastre británico del almirante sir Edgard Vernon y el general Thomas Wentworth en el ataque a Cartagena de Indias (1741) frente a la defensa española del almirante don Blas de Lezo y el virrey don Sebastián Eslava, empalmando con la “Guerra de Sucesión de Austria” (1740-1748) en la que Francia firma el “segundo pacto de familia” en 1743 y las tropas españolas del marqués de la Mina y francesas del príncipe Conti derrotan en la batalla de Madonna del Olmo (1744) cerca de Turín al ejército del rey Carlos Manuel de Cerdeña y Piamonte confirmando al infante Felipe de España como duque de Parma completando el control español sobre la península italiana. Pero no todo fue siempre bien. Cuando empezó la llamada “Guerra de los Siete Años” (1756-1763) la corona española prefirió una política de neutralidad, pero los constantes ataques británicos a la navegación comercial española llevaron finalmente al “tercer pacto de familia” con Francia en 1761 y a la entrada en la guerra en 1762: ese mismo año Gran Bretaña asaltó la Habana en Cuba y Manila en las Filipinas pero las tropas españolas invadieron Portugal, así que al firmarse la “Paz de París” al año siguiente ambas ciudades fueron devueltas a cambio de la entrega de Florida… aunque España consiguió de su aliada Francia en América la Louisiana con su capital Nueva Orleáns. De todas formas España se preparó para devolver el golpe.

La desconocida España del Siglo XVIII (2ª parte)
Granaderos españoles y el batallón de La Habana
durante la Batalla de Pensacola.
La “Guerra de la Independencia Norteamericana” (1776-1783) permitió la nueva intervención: desde el inicio de la rebelión la corte española financió y abasteció a los rebeldes con comida, ropa, armas y pólvora desde sus territorios en la Louisiana. En 1779 ya oficialmente en guerra las tropas españolas del general don Bernardo de Gálvez limpiaron de ingleses el Missisipi con la conquista de los fuertes británicos de Manchac y Baton Rouge ese mismo año, transformando el río de una ruta de contrabando a una de abastecimiento a gran escala a las fuerzas continentales, culminando la campaña americana en 1781 con las rendiciones británicas del general John Campbell en Pensacola recuperando Florida y en Europa la del general James Murray ante el conde de Crillón recuperando la isla de Menorca. Sólo Gibraltar consiguió resistir y siguió en manos británicas. Por la “Paz de Versalles” firmada el 3 de septiembre de 1783 Inglaterra tuvo que reconocer tanto la independencia de los recién nacidos Estados Unidos de América como su derrota frente a España y Francia.
En 1788 fallece el rey Carlos III y sube al trono su hijo Carlos IV, heredando una corona española próspera y respetada como potencia internacional. Esa será la España que entrará en crisis durante su reinado tras la revolución francesa de 1789, y que la invasión napoleónica de 1808 a 1814 arrasará hasta los cimientos.

Bibliografía:
- “La España del siglo XVIII” Roberto Fernández Díaz. Editorial Anaya (1990)
- “Historia de España, tomo VI. Los Borbones hasta 1845” Varios autores, Club internacional del libro (1987).
- “Atlas Histórico Mundial, Vol. 1 y 2” Hermann Kinder y Werner Hilgemann. Ediciones Istmo (1990)
- “La España de los Borbones. Las reformas del siglo XVIII” Roberto Fernández, Historia de España nº 18. Historia 16, temas de hoy (1996)
- “El siglo de las Luces. Las bases intelectuales del reformismo” Carlos Martínez Shaw, Historia de España nº 19. Historia 16, temas de hoy (1996)
- “El fin del Antiguo Régimen. El reinado de Carlos IV” Enrique Giménez López, Historia de España nº 20. Historia 16, temas de hoy (1996)

viernes, 5 de diciembre de 2014

La desconocida España del Siglo XVIII (1ª parte)

En el siglo XVIII los reyes de la dinastía borbónica española Felipe V, Fernando VI y Carlos III implantaron desde 1700 a 1788 el llamado “despotismo ilustrado” como política de estado: en los territorios de la Corona no se reconoce más autoridad que la del Rey y a sus órdenes se unifica la legislación y se suprimen las aduanas interiores, desarrollándose reformas administrativas, fiscales, militares, educativas, científicas, tecnológicas, agrícolas, industriales y de infraestructuras como astilleros, canales y carreteras. En economía se sigue el “mercantilismo” que incentiva el comercio y la producción industrial nacional, defendida con barreras aduaneras que dificultan la importación de productos extranjeros. En política religiosa se sigue el “regalismo” que pone a la Iglesia bajo el control del rey especialmente desde el Concordato de 1753 que le permite elegir a sus mandatarios, actuando la Inquisición desde 1776 como una policía al servicio de la monarquía ilustrada con apenas residuales competencias religiosas. Y finalmente en política internacional la corona española pronto se pone en condiciones de defender sus intereses y dirigir su propio destino.

La familia de Felipe V
Los resultados de las reformas
Los cambios no tardan en ponerse de manifiesto y la prosperidad económica española del siglo XVIII se materializa en un aumento de población de ocho a diez millones de habitantes en la Península. España es uno de los primeros países donde se fundan reales academias de ciencias, artes y letras, academias militares, se realizan expediciones científicas y se reforman los planes de estudios universitarios con los mayores adelantos del momento. Los municipios de la España del siglo XVIII ya garantizaban los servicios de un médico, un boticario, un veterinario y sólo los más pequeños y pobres no garantizaban a un maestro, en cuyo caso sus funciones las hacía el párroco local: al finalizar el siglo más de la mitad de la población española está alfabetizada, igual que en el resto de los países de la Europa Occidental. Aparece y se desarrolla la prensa que difunde noticias, adelantos y polémicas. Se construyen astilleros en El Ferrol, Cartagena, Cádiz y La Habana que desarrollan una poderosa marina, las “Reales Fábricas” introducen y desarrollan nuevas técnicas de fabricación que se aplican en grandes centros fabriles como el complejo de manufacturas laneras de Guadalajara, se forman las “Reales Compañías” para incentivar el comercio, y se hacen grandes obras públicas como el Canal Imperial de Aragón, el canal de Tauste, el pantano de Lorca o la Acequia Real del Júcar. Se construye la primera red radial de carreteras pavimentadas españolas y una de las primeras de Europa, se fundan poblaciones en lugares despoblados como el asentamiento de inmigrantes alemanes en Sierra Morena…, así como en cada ciudad de España y la América española se hacen reformas urbanísticas en las ciudades con paseos y alamedas ajardinadas.
El ingeniero militar español Roque Joaquín de Alcubierre descubre y excava las ruinas de las antiguas ciudades romanas de Herculano en 1738 y de Pompeya en 1748, apareciendo así el arte neoclásico que imita estos hallazgos arqueológicos en toda Europa: hoy pocos pueblos y ciudades de España no tienen iglesias, viviendas, edificios y palacios construidos en este estilo del próspero siglo XVIII. La corte española siguió siendo una de las grandes cortes europeas protectoras de las artes, haciéndose en 1737 con los servicios del mítico cantante Farinelli venciendo en la subasta al resto de las monarquías de la época, construyéndose los palacios de los “reales sitios”, el Teatro Real y la Real Pinacoteca que forma la base del actual museo del Prado.
La política reformadora borbónica culminó en 1765 con la liberalización del comercio directo entre los puertos de España y de los virreinatos de la América española, facilitando el comercio al simplificarse los trámites administrativos y eliminar impuestos con resultados espectaculares: el puerto de La Habana pasó de un tráfico de seis naves comerciales al año en 1762 a superar las doscientas en 1768. En 1775 se fundan las “Sociedades de Amigos del País” en las principales ciudades y villas españolas para la promoción y difusión de mejoras a nivel local y asesoramiento a la Corona. Siguiendo las llamadas del padre Feijoo en 1726 o la del fiscal del Consejo de Castilla don Pedro Rodríguez Campomanes en 1775, por Real Resolución de 1778 se establece la libertad de enseñanza y trabajo para las mujeres en todas las labores, manufacturas y comercio eliminando cualquier legislación o costumbre local que pudiera haber en contra. Con la Real Cédula de 18 de marzo de 1783 se dignificaban los oficios manuales permitiendo a quien los ejercía el acceso a la administración pública así como el acceso a los títulos de hidalguía y nobleza, la de 2 de septiembre de 1784 se ampliaba a los hijos ilegítimos, y en 1788 a los niños de ambos sexos sin padres conocidos expuestos de las casas de acogida a los que sus rectores debían dar la debida educación y enseñanza en oficios y destinos. En 1785 en la universidad de Alcalá la primera mujer consigue el doctorado universitario, siendo la primera de Europa. Todo ello para la prosperidad y bien públicos en España e Indias.

La segunda parte puede verse en: http://opinionycultura.blogspot.com.es/2014/12/la-desconocida-espana-del-siglo-xviii-2.html