jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Existieron mujeres piratas?

En 1994, los piratas filipinos asaltaron una embarcación en el mar de China y entre ellos había una mujer. En 2006, se indicó la presencia de dos o tres féminas armadas en un barco pirata malayo. Ambos hechos fueron considerados sorprendentes y únicos. Pero la realidad es bien distinta. A pesar de que las mujeres escasean en ciertos ámbitos, la Historia nos habla de importantes científicas, astronautas, políticas, historiadoras, guerreras, gladiadoras, guerrilleras, bastantes literatas, pintoras, médicas, espías y no pocas actrices, modelos… Un listado en el que, evidentemente, también se cuelan personajes femeninos del otro lado de la ley, como gángsters, bandoleras, mafiosas y, claro está, piratas.
Siempre ha habido mujeres embarcadas como pescadoras, comerciantes, asalariadas de la Marina... pero también hubo quienes formaron parte de tripulaciones piratas o de la población de los puertos y refugios de corsarios y filibusteros. Aunque la geografía de la piratería, masculina o femenina, es universal, no se sabe mucho de las bandidas del África occidental, de las del subcontinente indio o de Oceanía, y ha habido muy pocas en el mundo árabe. Sabemos más, en cambio, de las de China y del sudeste asiático. Y, por supuesto, las ha habido en la América colonial y, sobre todo, en Europa.
La extracción social de la piratería femenina, de las piratas propiamente dichas y de las demás mujeres de ese entorno, es también variada. Muchas de ellas eran proletarias, campesinas expropiadas, delincuentes comunes, prostitutas, sirvientas y, cómo no, ex cautivas y ex esclavas. Algunas fueron simples aventureras, sin causa aparente para lanzarse a la piratería. Las hubo asimismo nacionalistas, contrarias a la dominación extranjera de su país, perseguidas, exiliadas, renegadas y herejes. Otras, tenían un origen burgués, por ser hijas de comerciantes, abogados o funcionarios. Sin olvidar las que provenían de la nobleza, venidas a menos o no, e incluso se sabe de princesas y reinas que acabaron ejerciendo tan aventurado oficio. En definitiva, ha habido mujeres piratas en todas las épocas y de todos los estamentos sociales.

Artemisa, reina y corsaria
En la Antigüedad, el Mediterráneo y el mar del Norte fueron escenarios clásicos de la actividad corsaria. Muchas sociedades, con sus reyes y reinas, vivían de la agricultura, del comercio y..., de la piratería. En el siglo V a. C., Herodoto hace referencia a la reina y corsaria Artemisa I de Halicarnaso, que se alió con Jerjes II en Salamina para luchar contra los griegos. De ella diría el rey persa que era la mejor de sus capitanes. Al mando de las galeras de su reino, Caria (Asia Menor), Artemisa usaría estandartes griegos o persas en función de sus intereses. Un siglo después, Artemisa II de Halicarnaso, además de ordenar la construcción del famoso Mausoleo, que figuró entre las Siete Maravillas de la Antigüedad, sería conocida por emplear las tácticas más rudimentarias de la piratería para luchar contra sus enemigos. No menos célebres fueron los piratas ilirios, pueblo indoeuropeo que se estableció, sobre todo, en la costa oriental del Adriático, cuya economía se basaba en gran parte en la actividad pirática. Uno de sus más famosos miembros fue una mujer, la reina Teuta, del siglo III a. C., viuda del rey Agrón de los ardiaei -etnia iliria-. Su reino se extendía desde la actual Split, en la costa dálmata, al Epiro, en el extremo noroccidental de Grecia. Teuta organizó excelentemente sus recursos corsarios contra otros piratas ilirios y contra las costas griegas -conquistó la isla de Corfú- e itálicas, hasta que en 229 a. C. los romanos pusieron fin a sus andanzas.

Edad Media
En la Edad Media, a partir del siglo VI y tras las invasiones eslavas, hubo mujeres entre los piratas croatas, dálmatas y vénetos del Adriático. Y en el mundo vikingo también: la sueca Sigrid del siglo X, las noruegas Rusla y Aasa, del IX, y la islandesa Freydis, hija del vikingo Erik el Rojo, en el siglo XI. Se conocen también algunas frisonas, danesas y germanas, como Foelke, que vivió en el XIV, y algunas francesas, a caballo entre la milicia y el corso, entre las que destacan Jeanne de Montfort, hija de un conde francés, y Jeanne Clisson.

Piratería femenina en la Edad Moderna
Llegados a la Edad Moderna, el Mediterráneo era un mar de piratas. Se sabe de una berebere, Sidá al-Hurra, que fue sultana durante el siglo XVI. Incluso la literatura se hace eco de ellas. Así, Cervantes cuenta historias, quizá ficticias o basadas en realidades difusas, de piratas -o similares- españolas, moriscas, e italianas, algunas de ellas ex cautivas, en el norte de África.
Más al Norte, entre el siglo XVI y el XVII, una peculiar familia pirata córnica fue la de los Killigrew, en la que hay varias mujeres. Inglesa era Juana la Negra e irlandesa Grace O’Malley. Ésta última, cuyo verdadero nombre en gaélico era Grainne Ni Mhaille, pertenecía a una saga de la pequeña nobleza que se remontaba al siglo XII y era antiinglesa, pues su familia no había rendido vasallaje a Enrique VIII de Inglaterra. Nacida hacia 1530, hablaba habitualmente gaélico y muy mal el inglés. Oficialmente cristiana, conservaba la religión druídica, por cuyos ritos se casó la segunda vez. Participaba en las luchas de clanes y familias irlandesas y era una experta marinera. Entre 1550 y 1600 fue una verdadera pirata brutal y sin escrúpulos, incluso con sus propios hijos. Poseía una gran flota con la que atacaba poblaciones costeras inglesas e irlandesas y asaltaba barcos, incluso turcos y españoles.
Isabel I de Inglaterra ofreció 500 libras por su cabeza, fue dos veces capturada y dos excarcelada. En los últimos años pidió y obtuvo la gracia de la Reina, con la que llegó a un acuerdo, en 1593, por el que ésta aceptaba sus reclamaciones de tierras y le concedía el perdón convirtiéndola en su aliada. Su castillo todavía puede verse en la isla de Clare. Murió, se dice, reincidente, en el asalto a un barco.

Bonny y Read
Entre los siglos XVI y XVIII las aguas americanas fueron el paraíso del bandidaje marino. Y también un nido de piratas euro-americanas: mujeres en su mayoría europeas, deportadas o emigradas a América. Algunas habían sido capturadas junto a tripulaciones piratas o en puertos piratas. Judith-Armande Préjoly, nacida en el siglo XVII, sería una de ellas. De existencia dudosa, se cuenta que fue ahijada de Richelieu y hereje, lo mismo que Marie-Anne Dieu-le-Veut. Mencionaremos también a la renegada anglo-francesa Charlotte de Berry y a la marquesa de Fresne, ambas del XVII. Otras dos mujeres piratas de fama fueron la irlandesa Anne Bonny y la anglo-irlandesa Mary Read. Éstas han sido las más celebradas en narraciones y películas. Defoe se inventó unas biografías del gusto del siglo XVII, en las que la verdad salía bastante malparada. Anne Bonny era hija natural de un abogado irlandés, que la llevó a Carolina del Sur, EE.UU. La chica, fuerte y brutal, mató a una sirvienta de una cuchillada. Se la relaciona con algunos hombres, pero sobre todo con el pirata Rackham, apodado Calico Jack.

¿Existieron mujeres piratas
Anne Bonny
Por su parte, Mary Read, quien quizá fuera hija de una prostituta, se manifestó siempre como un varón y desde pequeña le gustaba vestir como tal. Se alistó en el ejército inglés y luego en una unidad holandesa, sin revelar su sexo. En algún momento se unió a la tripulación del barco de Rackham, donde conoció a Anne y acabaron siendo amigas y amantes. En el barco llevaban ropas de hombre, juraban y blasfemaban, y en los combates se portaban más bravamente que muchos de ellos.
Capturadas junto a Rackham, fueron juzgadas en la Jamaica británica y condenadas, en 1720, por “participar en bandas piratas y en combates”. Curiosamente, las mujeres que ejercían la piratería no solían ser ahorcadas, excepto si habían participado en combates y, aun así, solían salvarse si se decían embarazadas. Es lo que ocurrió con Anne y Mary, que gracias a su embarazo sólo fueron encarceladas. También en el siglo XVIII se hicieron famosas Mary Lindsey, para algunos puta y criminal, Mary Harvey, Rachel Wall, que fue más bien una raquera, y la irlandesa Margaret Jordan, ambas condenadas a muerte en 1789 y 1809, respectivamente.

Filibusteras
En el siglo XIX, la piratería se extinguió en Europa, pero continuó una forma de filibusterismo en Latinoamérica. En éste oficio se mezclaban hombres y mujeres, simples bandidos, negreros, mercenarios, inmigrados y exilados, muchos al servicio de latifundistas, de potentados locales e incluso de repúblicas de reciente cuño. Algunos autores meten en este saco a Anita, la mujer del italiano Giuseppe Garibaldi, mercenario patriota y parece ser que también pirata durante un tiempo, que vivió en los años 40 del siglo XIX. En la lista aparece María Cruz, negrera lisboeta de la primera mitad del mismo siglo, y Vanda, la extraña compañera rusa de un curioso ex cura y semipirata, tal vez colombiano de origen español, Domingo Muñoz. En sus aventuras se mezcla la piratería con las religiones africanas de los esclavos huidos que habían formado comunidades cimarronas independientes.
La piratería ha sido una plaga en el mar del Japón, lo sigue siendo en el de la China meridional y en los archipiélagos de Indonesia y, como en Europa, se mezcla con la economía y la política. Muy activos fueron los piratas japoneses y también los vietnamitas, entre los que, se dice, había algunas féminas.
Los viajeros europeos hablan de mujeres chinas, en distintas épocas, que se dedicaban a la piratería y que participaban en combates junto a los hombres, y cuentan que hubo más de una. La más famosa fue Ching Shih (1785-1844). Esta violenta, inteligente y manipuladora pirata cantonesa, que al parecer había sido prostituta, fue mujer de un famoso corsario, Zheng Yi. A su muerte, amplió y mandó su gran flota pirata reuniendo unos 1.800 barcos entre juncos artillados y otras embarcaciones, con más de 70.000 personas bajo sus órdenes, casi un pequeño estado. Activa entre 1807 y 1810, atacaba a las poblaciones de la costa de China meridional en torno a Cantón y asaltaba barcos de cualquier bandera, enfrentándose y derrotando en ocasiones a la flota imperial china.

Prohibía el maltrato y la violación de las mujeres, por lo que fue considerada, abusivamente, feminista ante litteram. Pero hacia 1810, su gigantesco emporio, muy difícil de gobernar, entró en crisis. Algunos de sus jefes se amotinaron y se rindieron al gobierno central, sobre todo cuando el emperador ofreció el perdón, del que acabó gozando también Ching Shih.

jueves, 21 de agosto de 2014

Hypatia de Alejandría, la primera mujer científica de la Historia

El nombre de Hypatia significa la más grande. La leyenda de Hypatia de Alejandría nos muestra a una joven, virgen y bella, matemática y filósofa, cuya muerte violenta marca un punto de inflexión entre la cultura del razonamiento griego y el oscurantismo del mundo medieval. Como ocurre con todas las biografías de los matemáticos (y matemáticas) de la antigüedad, se sabe muy poco de su vida, y de su obra se conoce sólo una pequeña parte.

Fue recordada como una gran maestra y admirada por la magnitud de sus conocimientos. Era considerada como “el mejor matemático vivo” del mundo greco-romano. En la época de la Ilustración, Toland y Voltaire, utilizaron su figura como expresión de la irracionalidad del fanatismo religioso, y en el Romanticismo la recrearon como la encarnación del espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita. Pero toda esta notoriedad ha hecho que se pierdan de vista sus logros intelectuales y su auténtica biografía.
Hypatia nació en Alejandría (Egipto), en el año 370 de nuestra era y murió en esa misma ciudad en el año 415. Fue una mujer científica, filósofa neoplatónica y maestra, que con su sabiduría y sus enseñanzas contribuyó en gran medida al desarrollo de las Matemáticas y la Astronomía.

Retrato imaginario de Hypatia, de Rafael.

Alejandría en el siglo IV
En el siglo IV Egipto era una provincia romana y continuaría siéndolo hasta la llegada de los árabes en el siglo VII. En el año 312, el emperador Constantino se había convertido al cristianismo. Al año siguiente, en el 313, fue firmado el Edicto de Milán por el cual se estableció la paz religiosa y la libertad de cultos. En el año 330, Constantino traslada la capital del imperio a Bizancio, que pasaría a llamarse Constantinopla. En los últimos años del siglo IV Roma se divide en dos partes: el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente. Egipto es incorporado al Imperio de Oriente y en estos años vive el ocaso de su Historia Antigua. El cristianismo también había llegado a Egipto. En la época que nos ocupa se suceden grandes controversias y disputas entre las distintas facciones de cristianos. Algunos autores reseñan cómo las peleas llegan a hacerse callejeras. La Iglesia cristiana defendía en estos momentos su independencia respecto al poder imperial y los emperadores del siglo IV se consideraban autócratas y muy por encima de la ley. En Alejandría vive y predica el obispo Teófilo (385-412), enemigo de Juan Crisóstomo que predicaba en la Iglesia de Antioquia (actualmente en Turquía). La rivalidad entre Alejandría y Constantinopla también era algo a tener en cuenta, ya que afectó grandemente a las iglesias del resto de la cristiandad. Finalmente la iglesia egipcia se separó de la iglesia de Oriente. Fue entonces cuando apareció la lengua copta, una mezcla entre el egipcio demótico y la influencia del griego.
En estas circunstancias históricas vino al mundo Hypatia de Alejandría, en un momento en que el estudio y la importancia de las ciencias y del saber estaban casi olvidados, y no sólo eso, sino perseguido por personajes como el obispo Teófilo y el obispo Cirilo.

Filosofía
En la llamada escuela de Alejandría, el neoplatonismo tiene sus últimos representantes en el círculo que Olimpiodoro fundó en Alejandría en el siglo IV, y que continúa con varios autores de no mucho relieve, entre otros: la filósofa Hypatia, Hierocles, Filipón (ca. 490-530) -comentador de Aristóteles convertido luego al cristianismo- y por último, ya en el siglo VII, otro comentador de Aristóteles, Esteban de Alejandría.

Una mujer en la ciencia
Hypatia nació en Alejandría a mediados del siglo IV, algunas referencias dicen que en el 370 y otras en el 355. Su padre Teón de Alejandría era un célebre matemático y astrónomo, muy querido y apreciado por sus contemporáneos, que seguramente trabajaba y daba clases en la Biblioteca del Serapeo. Teón fue un sabio que no se contentó con guardar los conocimientos de la ciencia para sí y sus discípulos sino que hizo partícipe de ellos a su propia hija, algo verdaderamente insólito en el siglo IV. Hypatia por su parte era una mujer abierta a todo el saber que su padre quisiera volcar sobre ella y así fue cómo se educó en un ambiente académico y culto. En efecto, Teón le transmitió su conocimiento sobre las matemáticas y la astronomía además de la pasión por la búsqueda de lo desconocido. Los historiadores han llegado a asegurar que incluso superó al padre, y que muchos de los escritos conservados que se suponen de Teón son en realidad de la hija.
Aprendió también sobre la historia de las diferentes religiones que se conocían en aquel entonces, sobre oratoria, sobre el pensamiento de los filósofos y sobre los principios de la enseñanza. Viajó a Atenas y a Roma siempre con el mismo afán de aprender y de enseñar.

La casa de Hypatia se convirtió en un lugar de enseñanza donde acudían estudiantes de todas partes del mundo conocido, atraídos por su fama. Uno de sus alumnos fue Sinesio de Cirene, obispo de Ptolemaida (en Fenicia), rico y con mucho poder. Este personaje dejó escrita mucha información sobre Hypatia, su maestra. Por medio de él pueden llegar a conocerse los libros que ella escribió para la enseñanza, aunque ninguno ha llegado a nuestros días. Otro alumno llamado Hesiquio el hebreo escribió unas obras que se conservan, en las que también hace una descripción sobre las actividades de Hypatia y asegura que los magistrados acudían a ella para consultarle sobre asuntos de la administración. Dice también que fue una persona muy influyente en el aspecto político. También se interesaba por la mecánica y ponía en práctica la tecnología. Se sabe que inventó un aparato para destilar el agua, un hidrómetro graduado para medir la densidad de los líquidos y un artefacto para medir el nivel del agua.

Pero Hypatia era pagana y le tocó vivir en tiempos duros para el paganismo. Su situación llegó a ser muy peligrosa en aquella ciudad que se iba haciendo cada vez más cristiana. Los filósofos neoplatónicos como Hypatia pronto se vieron perseguidos. Algunos se convirtieron al cristianismo, pero Hypatia no consintió en ello a pesar del miedo y de los consejos de sus amigos como el caso de Orestes, prefecto romano y alumno suyo, que no consiguió nada a pesar de sus ruegos. Hypatia resultó ser para sus enemigos, no una mujer científica sino una bruja peligrosa.

Muerte de Hypatia
En el año 412 el obispo Cirilo de Alejandría fue nombrado patriarca, un título de dignidad eclesiástica que sólo se usaba en Alejandría, Constantinopla y Jerusalén, que equivalía casi al del papa de Roma. Cirilo (elevado siglos más tarde a los altares) era un católico que no consentía ninguna clase de paganismo ni de herejía y que luchó toda su vida defendiendo la ortodoxia de la Iglesia católica y combatiendo el nestorianismo. Los historiadores creen que Cirilo fue el principal responsable de la muerte de Hypatia, aunque no exista documentación directa que lo acredite.

Se dice que Cirilo era enemigo de esta mujer, a la que temía y admiraba a la vez. Pero siguiendo la tónica general de la época, no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema. Por lo tanto creó un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana. En el mes de marzo del año 415, Hypatia fue asesinada de la manera más cruel por un grupo de monjes de la iglesia de San Cirilo de Jerusalén (no hay que confundir a los dos Cirilos: el de Jerusalén había muerto en el año 387). Los hechos están recogidos por un obispo de Egipto del siglo VII llamado Juan de Nikio. En sus escritos justifica la masacre que se hizo en aquel año contra los judíos de Alejandría y también la muerte de Hypatia. Cuenta cómo un grupo de cristianos impetuosos y violentos, seguidores de un lector llamado Pedro fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo llamado Cesáreo; allí continuaron con la tortura cortando su piel y su cuerpo con caracolas afiladas, hasta que murió; a continuación descuartizaron su cuerpo y lo llevaron a un lugar llamado Cinaron y allí finalmente lo quemaron. De esta manera creyeron dar muerte a lo que ellos llamaban idolatría y herejía.

Orestes, el prefecto romano amigo y alumno de Hypatia informó de los hechos y pidió a Roma una investigación. Pero por «falta de testigos», se fue retrasando, hasta que llegó un momento en que el propio Cirilo aseguró que Hypatia estaba viva y que habitaba en la ciudad de Atenas. Orestes tuvo que huir de Alejandría y abandonar su cargo. Con la muerte de Hypatia se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. El interés por las ciencias fue debilitándose y la Historia entró en el oscurantismo. Pudo sobrevivir en Bizancio y poco después empezó de nuevo a florecer en el mundo árabe musulmán

martes, 5 de agosto de 2014

El clima en la Historia

Aunque históricamente el clima no ha sido la única causa que ha provocado el declive o la desaparición de una determinada cultura, imperio o civilización antigua, siempre ha sido uno de los factores clave del asunto, sino el principal.
La cuna de nuestra civilización occidental surgió hace unos 5.000 años en Mesopotamia, y el clima fue decisivo tanto en el florecimiento de esas primeras ciudades y antiguas culturas, los datos paleoclimáticos parecen confirmar que entre los años 5.000 y 3.000 a. de C., y después de una nueva vuelta al frío y a las grandes sequías, el clima volvió a templarse y a ser más húmedo, caracterizándose por su benignidad, lo que habría permitido establecer asentamientos permanentes en esas tierras fértiles, a caballo entre los ríos Tigris y Éufrates. Allí se fundaron las primeras ciudades.
Paralelamente, en las riberas del río Nilo se unifica el reino de Egipto, ya que confluyen allí diferentes pueblos nómadas que se ven forzados a abandonar la parte oriental del Sahara. Esto fue así debido a que esa zona empezó a convertirse en un inhóspito desierto, tras unas prolongadas sequías (El Gran Árido), que algunos climatólogos han relacionado con episodios de El Niño. En aquella época, el resto del Sahara no era un desierto como en la actualidad. En el sur de Argelia y en las regiones centrales saharianas había zonas boscosas y abundaba el agua. Repartidos por el actual desierto, hay montones de yacimientos arqueológicos donde aparecen, por ejemplo, pinturas rupestres que muestran hipopótamos, lo que da fe del cambio de paisaje que ha experimentado la zona. Ya Herodoto, hace 7.000 años, dejó constancia en sus escritos de la degradación que estaba sufriendo el Sahara central. Parece claro, que la historia del Antiguo Egipto no puede entenderse del todo bien sin tener en cuenta el factor climático. El declive de la civilización egipcia coincidió en el tiempo con la expansión del Imperio romano, que pudo llevarse a cabo gracias en buena parte a las bondades del clima reinante.
A principios de la era cristiana, bajo el mandato del emperador Augusto, el clima que dominaba en el Mediterráneo era caluroso y más húmedo que el actual. En líneas generales, se puede afirmar que los romanos pasaban algo más de calor que nosotros ahora, lo que en parte queda justificado por la indumentaria que llevaban, con ropas bastante ligeras. Aparte de veranos secos y calurosos, los inviernos eran, en general, más suaves, y no sólo en la zona mediterránea, sino en buena parte de Europa. De hecho, el cultivo de la vid se había extendido por gran parte de Alemania e Inglaterra.
El llamado Período Cálido Romano tocó techo hacia el año 400 d. C., y ciertamente esa fecha marca el principio del fin del Imperio. Los inviernos se fueron volviendo cada vez más rigurosos, especialmente en el norte de Europa, lo que forzó a los pueblos bárbaros a desplazarse hacia el sur. Entre esto, las malas cosechas y la presión de los bárbaros, el Imperio romano llegó a su fin, dando paso a la Edad Media.
Las bajas temperaturas con las que arrancó este vasto periodo de la historia no perduraron durante todo él. Fue únicamente hasta el año 1000; es decir, durante la Alta Edad Media, cuando gran parte de Europa tiritaba de frío, aunque tampoco hay que pensar en un invierno permanente, sino en muchos años seguidos en que los inviernos fueron muy rigurosos, con frecuentes olas de frío, siendo el resto de las estaciones más secas que lluviosas. De todas formas, este período frío no tuvo en toda Europa la misma duración. Mientras que en Escandinavia el clima se fue suavizando hacia el año 700, en Centroeuropa la transición del frío al calor se postergó hasta los tiempos de Carlomagno; es decir, de mediados del siglo octavo a principios del noveno, mientras que en la península Ibérica no fue hasta principios del siglo xi cuando se recuperaron las temperaturas.
Hacia el ya citado año 700, en latitudes altas del hemisferio norte se inicia un período cálido bastante excepcional, que se prolongaría hasta el año 1200 aproximadamente y que en climatología recibe el nombre de Pequeño Óptimo Climático o Medieval. En la actualidad hay un gran debate científico sobre si en dicho período el calentamiento era de mayor o menor magnitud que el que nos está tocando vivir. El apogeo de esa fase cálida ocurrió entre los años 1100 y 1300. Las altas temperaturas vinieron, además, acompañadas de generosas precipitaciones siendo, aparte de caluroso, un período excepcionalmente húmedo. Todo esto tuvo una notable incidencia en la producción agrícola y ganadera.
En Europa, justo a mediados del siglo XIV, la sucesión de años frescos y húmedos, con muy poca insolación, diezmaron las cosechas de cereales y vid y favorecieron la rápida extensión de la Peste Negra. La transición del calor al frío se caracterizó por ser un periodo extraordinariamente húmedo, que fue dando paso a años cada vez más fríos, en lo que sería el inicio de la Pequeña Edad de Hielo (peh), que se prolongaría hasta mediados del siglo XIX.


El meteorólogo Inocencio Font Tullot, en su conocida «Historia del clima de España», comenta que en España el clima no empezó a cambiar de manera notable hasta bien entrado el siglo XVI, lo que no evitó la incidencia de la peste. En España podemos fijar el arranque de la peh hacia el año 1500.
Aunque la peh no es comparable, ni en duración ni en magnitud, a una glaciación, fue lo suficientemente importante como para influir decisivamente en el desarrollo de la civilización europea y de otras partes del mundo. La peh consistió, en líneas generales, en la sucesión de 150 años casi ininterrumpidos con inviernos largos y muy fríos y veranos cortos y frescos, aunque en dicho período el cambio climático no fue global, ya que algunos indicadores apuntan a que en el Hemisferio Sur de la Tierra apenas se notaron sus efectos. Tampoco podemos dar una única fecha de inicio y de final de dicho periodo, ya que hay importantes desfases temporales dependiendo de las regiones afectadas. No obstante, suele considerarse el período de 1550 a 1700 como el más frío, iniciándose el enfriamiento en algunos lugares a finales del siglo XIV, y prolongándose en otros hasta mediados del XIX, con importantes altibajos a lo largo de esos casi cinco siglos de historia. Entre 1565 y 1665 los paisajes invernales se convirtieron en un motivo muy recurrente entre los pintores europeos (Pieter Brueghel El Viejo es uno de los mejores ejemplos), lo que es una prueba clara del tipo de tiempo dominante en aquella época.
Dos fueron las causas principales que, presumiblemente, desencadenaron ese período tan frío de la historia. La actividad solar fue una de ellas. Concretamente, durante el periodo que va de 1645 a 1715, el sol tuvo un comportamiento muy anómalo, con apenas manchas en su superficie, en lo que se ha dado en llamar el Mínimo de Maunder. Dicho período coincidió con los años de temperaturas más bajas de toda la peh, lo que no parece una mera casualidad. Por otro lado, la actividad volcánica era bastante mayor que en la actualidad, emitiéndose a la estratosfera enormes cantidades de partículas procedentes de erupciones explosivas, como la del Tambora, en 1815, o la del volcán islandés Laki, en 1783, que le permitió a Benjamín Franklin (1706-1790) establecer por primera vez una relación entre los volcanes y el clima.
Los últimos coletazos de la peh coincidieron prácticamente en el tiempo con el establecimiento de una red mundial de observatorios meteorológicos, hacia 1850. A partir de esa fecha, los glaciares de los Alpes y de los Pirineos comenzaron a perder masa neta, aunque no ha sido hasta estas últimas décadas cuando el ritmo de fusión ha aumentado vertiginosamente.
El período que va desde 1850 hasta nuestros días, cubierto en su totalidad por registros de las variables climatológicas, si lo comparamos con otros de los períodos históricos que se ha ido comentando, podemos considerarlo un período cálido y benigno que, sin duda, ha contribuido al crecimiento económico y de población más importante acontecido a lo largo de toda la historia de la humanidad.
En todo ese tiempo -162 años-, el clima no se ha comportado de forma uniforme, sino que podemos distinguir tres grandes períodos. El primero de ellos sería el que va desde 1880 hasta la década de 1940, caracterizado por una recuperación continua, lenta y sostenida de las temperaturas. Dicha tendencia se quebró entre las décadas de 1950 y 1970, para iniciarse en los años 80 del siglo XX una nueva fase cálida, que es en la que nos encontramos en la actualidad, y que los científicos relacionan con el cambio climático.
Puede constatarse científicamente que desde mediados del siglo XX -coincidiendo con el final de ese período frío que a algunos climatólogos de la época les llevo a pensar en que nos dirigíamos hacia una nueva glaciación- ha aumentado la variabilidad climática. ¿Esto qué quiere decir?, pues que el clima se ha ido volviendo cada vez más extremo. Aunque los récords que más se baten últimamente son los de calor, de vez en cuando nos encontramos con valores negativos de temperatura nunca antes alcanzados en determinadas épocas del año. Con las lluvias o con la falta de ellas pasa algo parecido y esto es algo que se observa en todo el planeta; una tendencia general.


Extraído del artículo: El Clima de la Tierra a lo largo de la historia, de J. M. Viñas Rubio

martes, 29 de julio de 2014

Los pasos hacia la primera guerra mundial (y II)

El emperador Guillermo II empezaba a dudar de iniciar una guerra tras conocer lo dicho por los británicos y recibir un nuevo mensaje del zar Nicolás II pidiéndole “detener a Austria-Hungría” para evitar que Rusia apoye a Serbia, lo cual motivó al káiser alemán a adherirse a la propuesta de británica de “detenerse en Belgrado” y enviarla a Viena en la tarde del 27 de julio. La reacción de los jefes militares alemanes fue del todo contraria a Guillermo II, mientras la cancillería ordenaba a los diplomáticos alemanes seguir presionando para la guerra y mantener su apoyo sin condiciones a Austria-Hungría, demorando el envío del mensaje de Guillermo II a Viena.
Así, el 28 de julio a las 11.49 horas, Austria-Hungría declara la guerra a Serbia y moviliza sus tropas a la frontera. Gran Bretaña continuaba con la idea de una conferencia de paz, pero no cabía esperar una respuesta favorable de Rusia; por su parte, Nicolás II enviaba un nuevo mensaje urgente a Guillermo II para “detener a su aliado antes que sea tarde”, pero los políticos y militares alemanes no iban a aceptar, y “no (quieran) dar la imagen que abandonamos a Austria-Hungría”. Esa misma tarde del 28 de julio el gobierno ruso dispone la “movilización parcial” de tropas en la frontera austrohúngara, lo cual consideran, los generales alemanes Moltke y Falkenhayn como “pretexto ideal” para que Alemania declare la guerra a Rusia.
Al día siguiente, el 29 de julio, Alemania consideraba que la “movilización parcial” de Rusia obligaba a Alemania a rechazar toda amenaza contra sus aliados y que “los diplomáticos deben dejar hablar a los cañones”. Esa misma noche, se informó al embajador británico en Berlín que Alemania iría de todos modos a la guerra contra Rusia debido a su alianza con Austria-Hungría, amenazando con atacar a Francia si ello era necesario. Los ingleses insistían en una conferencia de paz, pero que si Alemania entraba en guerra contra Francia, Gran Bretaña intervendría en apoyo de los franceses.
La respuesta británica daba al traste con la idea de mantener a Gran Bretaña (y su imperio) fuera de la lucha, y la madrugada del jueves 30 de julio, el gobierno alemán empieza a presionar a Viena para que llegue a un acuerdo pacífico con Rusia. A la mañana siguiente el gobierno austriaco dijo era “muy tarde” para pedir la paz pero de todos modos se harían las consultas respectivas al consejo imperial de Viena para iniciar “conversaciones” con Rusia.

Caricatura francesa de Guillermo II, emperador alemán

La situación se precipitó cuando el zar Nicolás II conoció que la “movilización parcial” era imposible técnicamente y sus jefes militares advirtieron que sólo era viable la movilización completa del ejército y la flota contra Austria-Hungría. Así, la embajada alemana en San Petersburgo avisó a Berlín que en la tarde del 30 de julio el ejército ruso había recibido orden de movilización total contra los austrohúngaros.
Alemania emite una orden de movilización militar el mediodía del viernes 31 de julio, sin importar ya las decisiones que tome la corte rusa. A la vez el Imperio Alemán remitía un ultimátum diplomático a Rusia para que detuviera su movilización militar o Alemania le declararía la guerra.
Para el 1 de agosto, con la movilización rusa en marcha, la guerra ya era inevitable y Alemania cumplió con su alianza ese día, anunciándose la movilización general del ejército y el estado de guerra.
Después las cosas seguirían rápidas, ese mismo 1 de agosto, Francia declaraba la movilización general. El 2 de agosto los alemanes ocupaban Luxemburgo, a la vez que enviaban un ultimátum a Bélgica, para que dejaran pasar sus tropas. El 3 de agosto Alemania declaraba de guerra a Francia, mientras Bélgica rechaza el ultimátum alemán, esa misma tarde tropas alemanas invaden Bélgica. Y el 4 de agosto Gran Bretaña declara la guerra a Alemania, por la invasión de Bélgica. Finalmente el 6 de agosto Austria-Hungría declara la guerra de a Rusia.


Para lo que ocurrirá el mes de agosto, es muy interesante el libro de Barbara Tuchman, "los cañones de agosto".

(La primera parte de este artículo está en la siguiente dirección:
http://opinionycultura.blogspot.com.es/2014/07/los-pasos-hacia-la-primera-guerra.html)

lunes, 28 de julio de 2014

Los pasos hacia la primera guerra mundial (I)

El 28 de julio de 1914, el Imperio Austro-Húngaro declaraba la guerra a Serbia, y durante los días posteriores comenzarían una serie de declaración de guerra entre los distintos países europeos culminando con la invasión alemana de la neutral Bélgica el 3 de agosto, iniciando la guerra en el frente occidental.
Tras el atentado de Sarajevo del 28 de junio (para más detalle ver:
http://opinionycultura.blogspot.com.es/2014/06/atentado-en-sarajevo-hoy-hace-100-anos.html), comenzó lo que luego pasará a llamarse la Crisis de Julio, donde comenzó un camino que culminaría con el estallido de la Primera Guerra Mundial, o la Gran Guerra como se llamó en su momento.
La detención de Princip, integrante de la organización pro-serbia llamada Mano Negra, y las posteriores investigaciones de la policía austrohúngara, se descubrió una amplia conspiración en la estaban involucrados jefes militares y políticos serbios, quienes colaboraron con los asesinos.
Estas informaciones animaron a líderes políticos y militares de Austria-Hungría a “solucionar el problema serbio” mediante una reacción bélica inmediata. Sin embargo, atacar a los serbios no era tan fácil, sobre todo por la alianza serbia con el Imperio Ruso. Esto hizo que buscaran apoyo en el Imperio Alemán para respaldar políticamente el ataque a Serbia y evitar que el gobierno ruso auxiliara a sus aliados de los Balcanes o declarase la guerra a Austria-Hungría.

Los pasos hacia la primera guerra mundial (I)
Alianzas militares en 1914
Así, el día 5 de julio Alemania acepta cumplir con su alianza con Austria-Hungría en caso de guerra. Mientras, el 9 de julio, la policía austriaca descubría algunos indicios de que Serbia estaba involucrada en el atentado, como se ha dicho antes.
El día 23 de julio se presenta un ultimátum al gobierno serbio, un ultimátum conocido ya por el gobierno alemán, que decía oficialmente no conocer el contenido, pero si decía que “desconocía las intenciones de Austria-Hungría respecto a esta crisis” pero que también todo intento de detener a Austria-Hungría en sus planes tendría “consecuencias incalculables”, lo cual fue especialmente destacado por las embajadas alemanas en París, Londres, y San Petersburgo.
El ultimátum era muy duro y comprometía la soberanía nacional serbia; era el siguiente: Disolver la Mano Negra, expulsar de su ejército y administración a oficiales y funcionarios considerados “elementos antiaustriacos”, condenar públicamente las actividades de serbios contrarias a los Habsburgo, perseguir activamente a organizaciones serbias consideradas “antiaustriacas”, y admitir que la investigación del crimen en suelo serbio quedase en manos de la policía austriaca y no de agentes locales.
Serbia, ante ello pide ayuda a Rusia, sin embargo, el gobierno ruso ve que el ejército ruso no está preparado para una guerra “al menos hasta 1916”. A parte comienzan las negociaciones británicas para solucionar el problema, y habla con rusos y alemanes para llegar a un acuerdo. Los rusos aceptan ese encuentro, pero los alemanes decían que dejaran a serbios y austrohúngaros que solucionaran sus problemas, esto hacía sospechar a Gran Bretaña que los alemanes querían una guerra.
Al no surtir efecto las presiones ruso-británicas, en la tarde del día sábado 25 de julio el gobierno serbio respondió el ultimátum austrohúngaro y aceptó todas las exigencias, excepto la última, la intervención de la policía austriaca en suelo serbio.
Como no se cumplen todas las condiciones, tras nuevas consultas entre Viena y Berlín, se dispuso el lunes 27 de julio la movilización militar del ejército austrohúngaro. Esa misma mañana, tras consultar con las embajadas británicas en París y San Petersburgo, el ministro de Asuntos Exteriores advirtió al embajador alemán que “si Austria-Hungría prosigue su ataque a Serbia y el Imperio Alemán continúa apoyando a Austria-Hungría, Gran Bretaña cumplirá sus pactos y promesas con otras potencias”, lo cual era una velada amenaza de guerra.

domingo, 27 de julio de 2014

¿Y si hubiese ganado Alemania la 1ª Guerra Mundial?

A finales de julio se celebra el centenario del comienzo de la primera guerra mundial.
Esta guerra, fue ganada por los aliados, pero ¿qué hubiese pasado si la hubiesen ganado los alemanes y sus aliados? Evidentemente la historia no se hubiese desarrollado tal y como la conocemos... O ¿quizá si?
Entrado en este análisis de historia-ficción, muy breve y muy a vuelapluma, la primera reacción es que es probable que la segunda guerra mundial, iniciada 21 años después de finalizar la primera, no se hubiese producido, o se hubiese desencadenado por otras causas, igual Hitler sería un pintor más o menos conocido.
Una Alemania victoriosa no parece que hubiese exigido las reparaciones que si se pidieron por parte de Francia en Versalles. Como consecuencia, el ascenso de Hitler habría sido mucho menos probable. En ese caso, ni el Holocausto ni la Segunda Guerra Mundial seguramente no habrían ocurrido. Si los judíos de Alemania hubieran sobrevivido, el sionismo no hubiera tenido la fuerza moral internacional que alegaba, con razón, después de la derrota de Hitler. La historia moderna de Oriente Medio por lo tanto hubiese sido muy diferente, en parte también porque Turquía habría sido uno de los vencedores en 1918.

Europa 1914
La Francia derrotada podría haber sido el semillero más probable para el fascismo, no Alemania. Pero con su acero y el carbón todavía controlado por los alemanes de Alsacia-Lorena, habrían limitado el potencial militar y naval de Francia. Por su parte, la derrota de Gran Bretaña le habría obligado a ceder sus intereses petroleros en el Medio Oriente y el Golfo (Pérsico) a Alemania, y han sido incapaces de contener al nacionalismo indio. En la práctica, el imperio británico hubiera sido insostenible. Gran Bretaña de hoy podría haber terminado como una modesta república socialdemócrata del norte de Europa - como una Dinamarca sin príncipe.
Mientras tanto los Estados Unidos, se habría convertido en una potencia firmemente aislacionista y no la ejecutora del orden internacional. La Unión Soviética, con un vecino como la poderosa Alemania, habría sido el gran factor de desestabilización, pero es posible que no hubiese sido invadida como lo fue en 1941. Y sin Segunda Guerra Mundial nunca podría haber habido una Guerra Fría tampoco.
El régimen alemán era por lo menos tan democrático como el francés o el inglés. La Alemania de 1914 se parecía mucho más a un “estado social” de finales del siglo XX que el Imperio Británico o que Francia. Era mucho mejor ser obrero pobre en Hamburgo que en Manchester. Seguramente hubiese evolucionado hacia una monarquía constitucional.
El Imperio Austrohúngaro, sin embargo, no hubiese evolucionado tan bien. Tenía dos mitades, una austríaca que seguía más o menos a Alemania, otra húngara más opresiva. Habría absorbido a Serbia. Y es posible que la inestabilidad que estaba surgiendo, por los muchos nacionalismos que la integraban, hubiese acabado siendo el punto de conflicto durante los años siguientes en Europa. Además un estado como Bulgaria, hubiese obtenido territorios a costa de Rumania y Grecia y se habría convertido en un rival para el gigante con pies de barro que era Austro-Hungría.
El Imperio Turco, estaba sufriendo una crisis interna gravísima con pocas soluciones. Simplemente, un imperio anclado en el siglo XVII no podía convivir con ideologías modernas. Y a la larga hubiese llegado a la revolución que ocurrió tras el final de la guerra.
Concluyendo, lo que está claro es que es posible que no hubiese habido la cantidad de muertos que hubo en la segunda guerra mundial.

Por cierto, un detalle, al no haber el gobierno que había en Alemania, en 1936, es posible que recibiese las ayudas que tuvo, ¿hubiese conseguido ganar Franco la Guerra Civil?

sábado, 19 de julio de 2014

Breve historia de la pólvora y la artillería

1. No, no se sabe quien descubrió la pólvora (nitrato potásico o cálcico según la época + azufre + carbón) ni por qué ni el tiempo que hacía ese día. Como tampoco sabemos y probablemente nunca lo hagamos quién la introdujo en Europa ni cuando ni dónde. Sobre todo porque muy posiblemente el descubrimiento tuvo lugar en muchos sitios por diferentes personas en distintos momentos. A grandes rasgos hemos llegado a saber que en la China del siglo XI se usaban ya cañones (ver punto 2), que en el siglo XII ya hay reproducciones en miniaturas de cañones en Europa, y que en el XIV aparecen ya con cierta dispersión y claridad en los documentos. Nada parece indicar que en el asedio de Niebla de 1261 se usarán cañones (ver punto 2).
2. Lo que conocemos por “cañón” es un arma pirobalística de la familia de la artillería que usa como propelente la pólvora y como fuerza impulsora los gases resultantes de la deflagración de la misma. A un listo medieval se le ocurrió esto que a nadie se le había ocurrido antes, usar la pólvora para impulsar un proyectil. Antes la pólvora u otras sustancias incendiarias, como el fuego griego, se habían usado para lanzarlas mediante maquinarias diversas y dar por saco, pero siempre neurobalísticas, como la torsión o el contrapeso. Nadie la había usado como sustancia impulsora.
3. Como un cañón es un tubo puede cargarse por la boca (avancarga) o por la culata (retrocarga). Los primeros cañones utilizaron el primer sistema, y sabemos que estaban en uso a finales del siglo XIII. Este sistema tenía el inconveniente de que había que fundir el cañón en una sola pieza, para lo cual la metalurgia no estaba lo suficientemente desarrollada y se generaban numerosos fallos, y además era muy difícil hacer piezas de gran calibre.
Ya en el siglo XIV se opta por el segundo sistema, salvo para la artillería de bronce que siguió con el primer sistema. Se desarrolla lo que es el clásico cañón medieval de hierro. Una serie de láminas longitudinales aseguradas con anillas transversales y con una recámara extraíble (una pequeña cazoleta) en la que se introducía la pólvora. A principios del siglo XV se desarrollan las gigantescas bombardas con calibres y pesos absolutamente desmesurados.
4. Los medievales se dieron cuenta de que un cañón con una recámara de trescientos kilos que había que “atornillar” al tubo cada vez... que disparaba tres o cuatro veces al día y mal, y que nadie se atrevía a disparar porque tenían tendencia a reventar (debido a la mala forja y escasa estanqueidad), no servía para nada. Entonces a otro listo se le ocurrió hacer los cañones mucho más pequeños pero hacer muchos más. Además, progresivamente se fue volviendo a la avancarga, lo que los hacía más seguros, rápidos y certeros. Y ahora los cañones si empezaron a hacer daño de verdad, de tal modo que desde mediados del siglo XV las antiguas fortificaciones medievales tuvieron que replantearse su función y morfología hasta tal punto que los castillos medievales terminaron por desaparecer sustituidos por las fortificaciones abaluartadas propias de los estados modernos.

historia  pólvora  artillería
Cantabria  - La Cavada - Cañón del Fuerte de San Carlos

5. Los artilleros se convirtieron en un cuerpo especializado y muy prestigioso durante el siglo XV. Para finales de siglo, los principales arquitectos italianos demostraban su valía principalmente en el ámbito de la arquitectura fortificada. Miguel Ángel se consideraba a si mismo más que escultor o pintor un ingeniero militar. Hoy sabemos que algunos maestros artilleros castellanos influyeron en artistas italianos como Da Vinci, y que sus realizaciones en arquitectura militar eran de las más avanzadas del momento.
El hecho de que los maestros castellanos fueran ante todo militares y desarrollaran su trabajo ante la premura de los cañones y los asedios, y por tanto no tuvieran tiempo de desarrollar sus ideas en extensos tratados o minuciosos dibujos (tampoco tenían que “vender” sus trabajos como los italianos), ha impedido hasta hace poco una justa valoración de su trascendencia.
6. No obstante lo dicho, hay numerosas anécdotas que ponen de manifiesto como los procesos casi nunca son lineales y las realidades teóricamente obsoletas pueden resucitar si se dan las circunstancias. Durante la invasión española del México azteca, estando Cortés apurado por la falta de munición, alguien se prestó a fabricar un trabuco. Una antigua máquina de contrapeso que había dejado de usarse hacía casi medio siglo, pero que alguien todavía recordaba haber visto construir en la lejana Extremadura de su infancia. Se fabricó la máquina y disparó en efecto, pero el bolaño describió una vertical perfecta ante la cara de susto de los presentes, cayendo exactamente sobre la máquina.

Sobre lo de que los cañones dejaron obsoletos a los castillos medievales es una buena cura ir a ver el Castillo de Belalcázar en Córdoba, donde impactó en 1937 un proyectil de artillería de campaña, el cual apenas arañó unos pocos sillares de la recia torre del homenaje en que impactó la cual, a su bola, a tenor de lo que se ve, pasa mucho, como pasaba en su época, de los cañones y de los nuevos tiempos.